La Madre de la Vida

Epílogo: Kassam

El inicio...

Solo mis túnicas revelaban que había viento. Un evento extraño, mas no imposible en lo alto de esta Torre. Mi predecesor era un ser impresionante, y esta cima era, sin duda, uno de sus mayores logros. A veces me pregunto si él conscientemente sabía lo que la transformación en un exánime le haría? Mis estudios me han llevado a concluir que él fue el primero en desarrollar esta bendición, este toque de inmortalidad. No sé cómo se propagó el conocimiento. A mi saber, hay diez más como yo en este mundo. Cada uno con sus propios motivos y planes.

Y mis planes, hoy, por fin continuarán. He estudiado este… desgarre en la realidad, por siglos. El sonido, las vibraciones, la energía, me revelaron desde el principio que el gran Nevecial lo creo. ¿Que lo habría llevado a tal cosa? Sin planeación, sin estructura. Solo una ruptura, caótica, impredecible, y peligrosa. Nada que ver con sus prácticas normales. ¿Qué paso? Ciertamente, el iluso cuento del insolente gnomo no podría ser verdadero.

Lo cierto es que Nevecial me otorgó la oportunidad de analizar la materia de nuestro mundo… y otros. Mas allá de las estrellas, mas allá de la realidad. Gracias a él, he descubierto otros … universos. Otras existencias no regidas por nuestros Dioses, nuestras reglas. Mi conocimiento ha aumentado de forma exponencial gracias a eso.

Ninguno de mis ‘colegas’ entendía este desgarre como yo. Le temían. No comprendían la infinidad de posibilidades que podría traernos. No estaban dispuestos a arriesgarse. Ciegos! Insolentes! Mortales! ¿Acaso el don de la eterna existencia abría los ojos a los velos de la realidad? Este mundo no me llena. No puede contenerme. No seré atrapado por sus reglas. Hay más, eso lo sé, y no me quedare sin conocerlo.

Jamás he podido cruzar este bendito portal. Podía mandar ligeros hechizos, esclavos, meros experimentos de exploración. Pero nunca yo mismo. Algo me retenía, algo me bloqueaba. Fue hasta muy después que descubrí que Nevecial había creado los Sellos, y estos casi prohibían el viaje interplanar para seres innaturales. O tal vez, él se prohibió viajar a otros mundos, e hizo una provisión contra el exánime.

Así que investigue estos Sellos. Ymes podía existir sin mi guía directa. Invertí cien fortunas en ese gremio de aventureros y exploradores para que me brindaran información, pero había sido inútil. Pasé décadas viajando, analizando y leyendo los escritos del exánime original. Nada rindió frutos. Se murmuraban otros estudios que revelarían mas, pero nunca sus lugares. Seria encontrar una aguja en un pajar. ¿Porque era tan desconfiado Nevecial? ¿Que ocultaba? No lo sé. Pero me enfurecía que tal información estuviese en alguna parte del mundo, y yo no pudiese encontrarla. YO! El Amo de los Muertos!

Por años dudé, temí que jamás lograría mis objetivos. Para un ser eterno, el tiempo no importa. Pero no había pistas. No había nada que seguir. Estoy consciente que jamás alcanzare el poder de Nevecial. Jamás podre repetir lo que él hizo. Solo imitar crudamente sus avances. Pero la joya del conocimiento estaba tan cerca, y a la vez, tan lejos. ¿Qué podía hacer?

Y fue por cruces del destino que la respuesta llego a mí. Ese irritante humano Bermeral vino a mí, pidiendo ayuda para un grupo de aventureros… relacionados con los Sellos! Mi hueco pecho hubiera rebozado de alegría de ser posible. De nueva cuenta, había sido bendecido con oportunidad.

Estos aventureros no eran nada especial. Seres regulares, con promesa, pero igual, ciegos. Hablaban sobre una amenaza, un tal Mezzernach. ‘Gran Enemigo’? Tonterías. El mago tenia promesa, pero un aura alienígena le rodeaba. Pensé en darle muerte, pero con el paso de los siglos he aprendido sobre la necesidad de cada creatura. Aún así, sabían de los Sellos. Sabían, al menos, donde estaba uno. Así que, les permití leer mis notas. Las notas de Nevecial, de la Torre, del estudio. A cambio, sus mentes me revelaban lo que sabían de los Sellos. Patéticamente poco… pero suficiente. Romper los Sellos… era posible. Y ellos podrían lograrlo. Sin los Sellos, nada me detendría!

Y así fue, y por eso me encuentro en esta situación. Sobrevolando la gran Torre. Cientos de metros sobre la superficie. Unos cuantos metros alejado del desgarre. El viento ruge a mi alrededor, mis túnicas bailando al tono de su canción. Escucho el goteo de agua sobre mí. Llueve. El resplandor de este desgarre, como el brillo del Sol. Jamás había estado así. ¿Acaso responde el llamado de mi voluntad? ¿Acaso es Nevecial llamándome?

No. Es mi destino. Yo, Kassam, Amo de los Muertos. Amo de la Torre. Amo del Desgarre. Cruzo esta ruptura, esta puerta. Mi destino me llama, y yo respondo. Y solo puedo pensar una cosa.

Kassam, Amo del Multiverso.

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richterbrahe

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