La Madre de la Vida

Epílogo: Salmissra

La espera que termina...

La vibrante jungla era, en general, salvaje. Dominada por fuerzas de la naturaleza, hogar para cientos o miles de creaturas que poco les interesaba los asuntos de Dioses y mortales. Disfrutaban su placida existencia, sin preocupación mas allá de sus hogares. Este lugar era suyo, y solo se involucraban aquí.

Pero en el corazón de esta jungla, escondida por enormes arboles, musgosas lianas, y salvajes ríos, yacía la gran ciudad-templo de Thessirath, hogar de la Tribu de los Colmillos Esmeralda, y su reina, la Eterna Serpiente, Salmissra. La ciudad era un lugar arcaico, un recuerdo de tiempos pasados, aferrados a memorias que se desvanecían cada segundo. Sus edificios eran labrados de un material duro, color tierra, fortalecido por magia. Sus estructuras estaban acomodadas de tal manera que rodaban el impresionante Templo de la Serpiente, un lugar que resplandecía en su esplendor bajo el Sol y la Luna, sin celos de su brillante luz, gracias a ese fuego interno que provocaba que su reluciente superficie, adornada por miles de esmeraldas, reflejara y refractara todo lo que le rodeaba.

Aquí reside Salmissra, un ente milenario, quien controla casi completamente a los Yuan-Ti. Una infinidad de cosas preocupaban su mente; planes, movimientos, creaturas, traiciones y alianzas. Pero ahora, su mente se enfocaba en una sola cosa. El prisionero que sus leales sirvientes le habían ofrendado. Una situación que ella había esperado por miles de años. Por fin, ante ella, impotente y encadenado, tan reducido y humillado. Un odiado ser que había logrado sobrevivir catastróficas derrotas. Un hombre – ¿podía todavía ser considerado hombre? – que la había doblegado y esclavizado, atándola por siglos a su oscura voluntad. Mannimarco.

No era el cuerpo que ella recordaba. Sus facciones eran tan diferentes. Cuando lo capturaron, portaba una gran armadura de Gibraiin, con un emblema torcido de la Casa de Amín. Mucho más musculoso. Pero los ojos eran los mismos. Viles espejos de maldad pura. No había compasión en ellos. Ni un trazo de consciencia. Y ellos observaban silenciosamente a Salmissra.

Los Yuan-Ti habían librado una gran batalla, y habían triunfado. Pero el dulce sabor de la victoria no había nublado su juicio. Siempre atentos a lo que sucedía a su alrededor, fueron ellos quienes notaron un cuerpo caer a gran velocidad. Fueron ellos quienes recuperaron a esa creatura. Fueron ellos quienes le envenenaron, ataron, y transportaron aquí. Serian recompensados, en su tiempo. Por ahora, ella disfrutaría de -

Oh, inocente Salmissra, mis más leal esclava. Deja de fantasear e imaginar, y llega al punto. No les interesa leer sobre las injusticias que viviste. Quieren ver sangre! Mas especifica, la tuya. Ellos me aman. Hola Jez! Hola Alan! ... A ustedes otros no los saludo. Saben lo que hicieron. No los he perdonado! ¿Disfrutaron ‘ganar’ su campaña? No estuvo tan divertida, de todas maneras. Solo aparecí en pocas escenas! Y la mitad de ellas, en ese condenado espejo. Bah. Además, que tipo de nombre es ‘Solín’? ‘Cinocar’? Parecen nombres de seguidores de la Llama Plateada. El camélido. Beeeeeeh! En fin, de vuelta a la acción. Besos, M

- observar su actual situación, y saborear el dolor que sufriría. Arrogantemente miraba a los ojos verdes de Salmissra. Ambos estaban en completo silencio. ¿Tenían miedo de hablar? ¿O, acaso, buscaban la mejor forma de comenzar? Era imposible saberlo. Mannimarco sonrió, y carcajeo.

“Sé que soy hermoso, Salmissra, pero no es para que te quedes muda!”, dijo, entre risas. Su voz era también diferente. Era una voz… buena. Compasiva. Pero horriblemente entonada. Salmissra aun guardaba silencio.

“Vamos… Ambos sabemos que terminaras soltándome. Se, mejor que nadie, que extrañas los viejos tiempos. Libérame, y volveremos a nuestras… aventuras.”, dijo, Mannimarco, con una cínica mueca.

Pero Salmissra callaba.

Mannimarco suspiró. “¿Te quedaras así todo el tiempo? Soy un hombre ocupado, sabes. Tengo muchos pendientes que atender. Pero podemos hacer esto algo semanal! Yo vengo, hablo, y tú te quedas en un silencio incomodo. ¿Qué opinas?”

La Eterna Serpiente no contestaba. Se acerco a Mannimarco, quien estaba atado a una superficie de madera, encadenado con un metal exótico. Una mesa cubierta descansaba a unos metros de él. Pero no decía una sola palabra.

Mannimarco giro los ojos. “Sé lo que tramas. Venganza. ¿Pero sabes lo interesante que rodea a ese concepto? Uno se pierde en él. Eclipsa todo lo demás. Solo existes para eso. Y cuando lo logras, ¿qué pasa? ¿Un vacio? El propósito que tanto te guiaba desaparece. ¿Y para qué? Unos segundos de placer, o tal vez días, si tienes talento. Créeme, Salmissra. La venganza es tan deliciosa si la dejas crecer, jamás cumplir. A llegar al punto en que es toda una fuerza aparte.”

Salmissra levanto la manta que cubría la mesa, revelando crueles instrumentos de tortura. Todos y cada uno de ellos tenían el símbolo del Atardecer. Ella tomo uno en sus manos, y lo veía curiosamente.

“Ah, tus viejos instrumentos. Que detalle. E irónico. Ha He. Úsalos. ¿Crees que me importa? Este no es mi cuerpo. Lastima al chico que uso. Yo simplemente me iré, y cobraras tu patética venganza en un inocente.”

En silencio, Salmissra comenzó a cortar el pecho desnudo de su odiado enemigo. Pero Mannimarco solo sonreía. Ella cortaba mas, y mas, despedazando la piel. Finalmente, abrió el pecho. Y Salmissra sonrió.

“Crees…”, dijo, ”... que no sabía eso? El chico, Ronmac, tuvo la mala suerte de involucrarse. ¿Sabes? Es un excelente hombre. Gran guerrero, honorable. Me recuerda a aquel guerrero de Juká que te derroto. Aquel que me obligaste matar. ¿Acaso lo tomaste por celos?”

La sonrisa de Mannimarco se desvaneció, al ver que Salmissra tomaba lo que parecía un pequeño martillo.

“Y te escondes detrás de él. Qué triste. Pero sé donde estas. Pobre chico. Su cuerpo jamás será el mismo…” decía, mientras usaba el instrumento para romper la caja torácica. Esto revelo, envuelto en sangre y músculos, una dorada orbe. Usando otro instrumento, que asemejaban pinzas, Salmissra lentamente removía la orbe del pecho del muchacho. Mannimarco grito una vez, y luego quedo en silencio. La oscuridad pútrida que rodeaba sus ojos se desvaneció lentamente. Salmissra puso la orbe en un pequeño cofre, lleno de marcas divinas. Ella murmuro un par de palabras, y finalmente cerro ese cofre. El chico gemía de dolor. La mujer lo volteo a ver, con algo de tristeza.

“Ronmac… lo siento. No se tanto se pueda hacer por ti. Pero… te agradezco.”, dijo. Llamo a sus sirvientes, quienes comenzaron a tratar al cuerpo del muchacho. Ella se retiro, con el cofre en sus manos.

QUE?! Me extirparon como un tumor?! Que INJUSTO. Nunca me dejan divertirme. Saben qué? Renuncio. A ver quien condena sus almas después.

Comments

Puedo yo condenarlos?! Puedo?! Puedo?!

Mannimarco, soy tu fan numero uno! Besos!!!

Epílogo: Salmissra
 

Jaajajaja Ves manimarco!!! para ser un gran villano tienes que comenzar en la party! y luego creces y creces!, ademas Juan-ti? que paso Salmissra, pense que tenias mas estilo, como los koboldos y los dragones! saludos desde mi plano!!!

Abdu Jabar Quader!

Epílogo: Salmissra
 

Son interesantes las implicaciones de hacer comentarios que rompen el flujo de la narrativa, lo cual conlleva a romper el continuo del espacio tiempo en las dimensiones creadas en la imaginación de criaturas en comparación con nosotros. Estaré observando de cerca. Nocto

Epílogo: Salmissra
richterbrahe

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