La Madre de la Vida

Galathaiin

La enorme ciudad capital era una vista impresionante, con muchos detalles, un color tranquilo y sencillo, y una gran cantidad de personas.

La estancia ha sido tranquila, relativamente. El grupo decidio por escuchar los rumores de la ciudad, lo cual revelaron que una cantidad de barcos se habian perdido en el Mar Giib. Tambien, Lenguas descubrio que el camino hacia el desierto, y la Torre de Carne, habian sido bloqueados. Habia una cantidad de tropas de Zuhair Ubaid protegiendo las entradas. De acuerdo a los mercaderes, el camino mas transitado ahora estaba flanqueado por creaturas empaladas, entre ellos, aparentemente, hombres de tono de piel morado.

Aleit fue contactada por el Gremio de Asesinos, que la mandaron en contra un hombre de la vida galante. Y cumplio su mision.

Theudric Lagak, mientras tanto, compro una curiosa espada a un niño desesperado. Poco tiempo despues, un gran hombre usando una armadura poderosa fue a buscar dicha espada. El enano desvio la atencion, al menos por un dia. Sin embargo, el hombre fue testarudo, y despues de una serie de inconvenientes, el enano entrego la espada.

Gibraiin estaba a punto de celebrar juegos de guerra, conmemorando el inicio de la guerra contra Geost. En la noche seria la apertura. Lenguas habia logrado juntarse con las personas indicadas, y consiguio ser invitado a tocar, junto con un tal Falmaran Bermeral. Al inicio de la celebracion, los lideres de las casas se presentaron, y finalmente su rey se mostro frente al reino: un poderoso Solar.

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El viaje continúa

Avances de la Asesina Aleit Reed Davenport

Extractos de la Obra de Mianissa

Notas de Theudric

Papiros Profanos


Después de un descanzo curiosamente tranquilo, nuestros heroes regresaron a la cruda realidad. Mattheus seguía muerto.

Se refrescaron un poco, y Olrruk tomó la oportunidad de hablar con Armeyaf.

“No me gusto lo que me hiciste. Me sentí sucio, profano. Te diría ‘No lo vuelvas a hacer’ ... pero se que será necesario. Lo dejaré a tu criterio.”

Armeyaf sonrió, y puso su mano al hombro de Orrluk. “Si veo que es necesario para salvar nuestras vidas, no dudaré en usar mis hechizos.”

Conformes, el grupo comenzó a planear su siguiente movimiento. Aleit gustaba de ir a Vion, pero el grupo decidió primero ir a visitar a Valerus. Llamaron al mago, quién con rapidez llegó, y los teleportó frente a una gran tienda.

Los hizo pasar, donde vieron a una cantidad considerable de personas, algunos soldados, algunos miembros de la corte, comiendo y hablando. Finalmente, los pasó con Valerus.

La discusión fue tensa: Valerus lamentó la muerte de Mattheus, y dijo que no había necesidad. No habían ganado nada, excepto a un poderoso enemigo. El grupo decía que había gran mal en esa montaña, y que lo habían detenido. El noble les recordó que lo que estaba en juego, era el mundo mismo. Si una villa, una aldea, incluso una ciudad tenía que caer, ni modo. Valerus se mostraba molesto porque el grupo tomó acciones que trajeron grandes repercusiones sin consultarle. Pero al final, Aleit se disculpó, tranquilizando un poco la situación.

El noble comentó que habían logrado la entrada a otro de los estudios de Nevecial, pero que todavía no habían entrado. Sus espias habían perdido el rasto del Malvocador. Y definitivamente no se habían acercado a la Torre de Carne. Sugirió, entonces, que el grupo fuera para allá.

Esto no quedó muy bien con el grupo… pero no veían otra alternativa. Por el momento, acordaron. Valerus reveló que viajaban hacia Galathaiin, la ciudad capital de Gibraiin. De ahí, podrían tomar el camino hacia el desierto, y eventualmente a la Torre de Carne.

El grupo decidió, al fin, llegar a la capital, y de ahí decidir que harían. En ella, conocieron a un hombre llamado Reuben Rabain, aparentemente amigo de Lianna. Tambien a un enano extraño y vendedor llamado Theudric Lagak.

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La caida de un Heroe
Una cancion que no se escuchara

(Chavos (y Jess), como cada vez quiero poner la sesion actual, pero no puedo porque me faltan varias, he decidido empezar desde aqui, y eventualmente llenar el resto)

La choza creada por Lianna era cómoda, si acaso algo rústica. Los aventureros lograron dormir y descanzar sin mayor problema. El día siguiente, comenzaron los preparativos para tomar a uno de los trasgos, y cuestionarlo. Al final, se decidió que Aleit y Lianna se encargarían: Lianna las haría invisibles, y buscarian a un trasgo aislado. Aleit lo paralizaría, y Lianna haría un hechizo para regresar con el resto del grupo.

El plan resultó sin falla, y con rapidez ataron al trasgo, y comenzó la interrogación. Mattheus, siendo el único que hablaba el extraño lenguaje de estas creaturas, fue el encargado de hablar con él, mientras que el resto (principalmente Orluk), lo intimidaban fisicamente. La creatura reveló que los cambios que habían experimentado era a causa de un enmascarado, quien había ofrecido su ayuda libremente. Su intención, aparentemente, era ayudar a los trasgos a liberar el bosque, y regresarlo a su completo control. Esto se lograría despertando al “espiritu guardian del bosque”, quien yacia inmovil desde la caida de la reina trasgo. La pequeña creatura no podría decir como era el guardian, ya que nunca lo había visto. Con lo máximo de información que podían tener de él, el grupo decidió darle muerte. Armeyaf pidió al grupo salir de la choza por un momento. Segundos después, el trasgo gritaba horrorizado.

Armeyaf le había mostrado a Umaro. El mago aseguró que el trasgo pedía la muerte. Mianissa con gusto se la dió.

Mientras todavía discutían sobre que hacer, Orluk (invisible) se dirigió al fortín, y utilizó su entrenamiento para detectar algún mal fuera de este plano. Se dió cuenta que en efecto, una creatura de impresionante maldad habitaba dentro de esa montaña. Regresando al grupo, informó de los sucesos. Se discutía sobre que hacer, cuando algo tocó la puerta de la choza. Abriendola, vieron a una figura con familiar indumentaria: un mago del Cabal de Valerus. Este preguntó que cual era el problema, ya que habían solicitado ayuda. Tras explicar la situación, el mago friamente les recordó que su misión no era investigar el bosque, sino el pueblo. Aunque información importante podría llevar a otros lados, su responsabilidad era informar a Valerus, para después juntos decidir un plan de acción. Esto estaba fuera de la responsabilidad del grupo, y por ende, del apoyo del noble. En contraparte, el mago ofreció llevarlos de vuelta con su amo. Ahí, podrían presentarle sus conclusiones, y tal vez se decidiría investigar la montaña. Orluk consideraba que era una buena opción, hasta que Armeyaf se interpuso pidiendo una prórroga. El mago con máscara les dió un día para obtener lo que necesitaran, y partió.

Comenzó una discusión en el grupo; Orluk no entendía porque no querían regresar con Valerus, y Armeyaf continuaba diciendo que deberían hacer todo lo posible para ver que pasaba en esa montaña. Finalmente, se dió un punto: los trasgos portaban injertos de demonios, los cuales hasta ahora habían resultado ser los sirvientes de los Malvocadores. Si había la mínima oportunidad que ellos estuviesen ahí, tenían que impedirlo, y no dejarlo a voluntad de Valerus. Con esto en mente, comenzaron a planear. Actuarían la mañana siguiente, y se adentrarían a la montaña. Esto obligaría a Valerus a actuar para protegerlos (o recuperar la espada). El resto de éste día se dedicarían a investigar el lugar, y descubrir una forma de entrar.

Después de unas horas, se recaudó la información: la montaña tenía un enorme hueco que corría desde su cresta, hasta sus profundidades. El fortín era continuamente monitoreado, y una gran cantidad de trasgos lo habitaban. Había dos pequeñas entradas en las partes superiores de la montaña, custodiada por un par de trasgos. Finalmente, Mianissa descubrió que había un tipo de escotilla que llevaba hacia debajo de la tierra.

El plan, entonces, fue este. Armeyaf y William crearian una destrucción, prendiendo fuego al fortín. El mago después haría un hechizo para juntarse con el grupo, que estaría esperando frente a la escotilla. Aunque detectaron al mago y al druida, al final de cuentas el plan salió bien, y se adentraron a las cavernas. La oscuridad reinaba, y los aventureros hicieron uso de su antorcha inagotable. Aunque fueron detectados por una pequeña patrulla de trasgos, fueron trabajo fácil para nuestros heroes. Aleit incluso usó el veneno de los trasgos contra ellos.

Finalmente, llegaron a tierra firme, donde los esperaba una muy extraña escena. Un camino apedrado, custodiado por altas figuras usando máscaras de baile. Estas figuras los recibieron, y cordialmente les señalaron el continuar. El grupo, desconfiado, hizo caso. Extrañados, continuaron con el camino, que finalmente llegaba a una casa muy adornada, pequeña y muy fina. En la puerta, estaba un pequeño letrero que decía “Por favor tocar”. Hicieron esto, y la puerta se abrió.

Una figura los recibió, muy esbelta, finamente vestida de lujosas telas y colores extravagantes, con guantes justos y blancos, portando un abombado gorro largo, con cascabeles en sus tres puntas, y una hermosa máscara blanca con detalles de brillantes colores cambiantes. Esta les pidió pasar, y sentirse cómodos. Los pasó a una mesa, donde les ofreció de tomar y de comer. Dentro de la casa, los aventureros vieron que estaba extremadamente adornada, con varias pinturas de lugares del Valle de Territoria, adornos, joyas, bustos y libreros. Sobreviendo la mesa, una pintura de un hombre semi-desnudo, iluminado por el sol y mirando hacía el cielo. El individuo se presentó a sí mismo como Vesele. Tras una curiosamente cordial pero desconcertante plática, donde les informó sobre su estadía aquí (para liberar a su padre, Mannimarco) e hizo comentarios un poco hirientes (y al parecer sin querer), Orluk le reveló la razón por la cual estaban aquí, aludiendo al hecho de que el anfitrión era la fuente de tanta maldad. Vesele, sin embargo, rió un poco, diciendo que para que la maldad de los demonios que usaba para sus experimentos no regresara al Abismo, usaba su máscara como foco para atrapar su escencia, y después destruirla. Esto casi convencia a Orluk, pero el grupo no dejaba de sospechar. Mianissa y Armeyaf, oriundos del Valle de Territoria, sabían que Mannimarco era un horrible villano. William estaba molesto porque Vesele llamaba a Gaia un simple ‘espiritu’. Y Mattheus simplemente no se sentía cómodo. Aleit, sin embargo, parecía estar fascinada por el sujeto. Llegó un punto en que Armeyaf se molestó, y exigió saber que estaba pasando. Tras la fachada de ser amable e inocente, escondía un conocimiento que no debería tener. Vesele respondió que como anfitrión, era su deber saber de sus invitados, de cualquier modo posible.

Se discutió de su forma de actuar, llegando al punto de descortesía. Vesele se enfadó, y los acusó de descorteses por su propia cuenta. Orluk no ocultaba su mano dañada. William no se había preocupado por bañarse. Mianissa no se mostaba en su figura real. Mattheus era burdo. Y Armeyaf había traido a esa asquerosa creatura junto consigo. Esto dejó al grupo algo perplejo, hasta que Mattheus ofendió a Vesele. Segundos después, el guerrero se disculpaba, arrepentido de sus palabras. Armeyaf notó que Vesele había hecho un hechizo sobre su compañero, y se mostró molesto, a tal grado de comenzar el hechizo de Flecha de Ácido. Orluk en ese momento se iba a lanzar sobre Vesele, pero sucedió algo que ninguno esperaba: Mattheus se lanzó contra Armeyaf, tumbándolo y comenzando a ahorcarlo. Y Aleit intentó derrumbar a Orluk sin mucho éxito.

Una pelea donde el grupo se volteó en su propia contra comenzó. William atacó y derrumbó a Orluk, quien aún luchaba e intentaba llegar contra Vesele. Armeyaf era herido por Mattheus, quién incluso comenzó a usar su espada contra su amigo. Mianissa, sin embargo, se quedo quieta, inmovil, completamente desconcertada por la habilidad de este sujeto de ver tras su disfraz. Vesele se marchó por una puerta trasera, y segundos después, el grupo reaccionó. Molestos, fueron tras el sujeto. Lianna arrancó a Mianissa de su trance, y la jaló hacía con el grupo.

Al salir, observaron al individuo tranquilamente parado, protegido por una pared invisible. Comentó que sería un excelente momento para probar la utilidad del Guardían. Una enorme figura escamada, de color verde, con una cresta recorriendo su cuerpo, con dos enormes alas, piernas musculosas, y garras impresionantes, con una cola muy poderosa, comenzó a descender desde las paredes de la caverna. El poderoso protector y dueño del bosque, una creatura de leyenda.

Un dragón.

Vesele inflamó la situación, mencionado que estos venian a destruirlo, y después a quemar el bosque. Habían matado a varios de sus sirvientes, y planeaba continuar. El dragón, enfurecido, los asesinaría. Con un gran rugido, se lanzó al piso, observando a sus enemigos. Vesele se marchó, y la pared desaparació.

La pelea comenzó.

Armeyaf comenzó con encantaciones para apoyar con la pelea, como el transformar a Orluk en una hydra, y Lianna se preparó para ayudar. Pero el dragón era rápido, y con un fuerte salto, se lanzó al aire. Apoyandose de las paredes, extendió sus alas, y se dirigió al grupo, abriendo sus fauces y lanzando un horrendo aliento de ácido. Los heroes fueron afectados, e incluso Armeyaf casi muere. Gravemente heridos, se replegaron para protegerse, y Lianna logró sacar al mago de la aun-activa nube de ácido. Con un ligero hechizo de curación, Armeyaf se levantó, y comenzó a invocar a un Megaraptor. HydrOrluk se lanzó contra el dragón, y comenzó a atacar, ahora acompañado de la bestia del mago. Mattheus corrió hacia el enemigo, saltando para poder atacarlo. Mianissa y Aleit se separaron un poco, y comenzaron a atacarlo desde lejos.

Pero el dragón no era cualquier bestia. Con sus garras y sus fauces lastimaba a los guerreros, y su poderosa cola aplacaba a la resistencia. Los heroes, sin embargo, no se rendian. Aguantaban los ataques, y proseguian con la batalla. Mattheus hizo un contrabrinco en la pared, y lastimo al dragón, que ya sangraba por varias mordidas y heridas. El furioso dragón ahora desató todos sus ataques sin titubear, destruyendo al megaraptor, y dejando a Orluk seriamente herido. Y con un ultimo golpe de su cola, quebró a Mattheus. El valiente guerrero se trató de mantener en pie, pero sus musculos no le respondian. Alrededor de él, todo caia en silencio. Sus ojos lentamente perdían vision, y se dio cuenta que había caido a sus rodillas. Respirando fuertemente, observó como su espada se deslizaba de su sangrante mano. Instantes después, se desplomó sobre el piso.

Mientras tanto, la pelea rugia. El dragón se había desecho de dos oponentes, y su furia podia concentrarse en el moribundo Orluk. Pero no contaba con que los aliados del guerrero eran más poderosos de lo que aparentaban. Armeyaf invocó a otra creatura, un hipogrifo, y la lanzó contra la bestia. Mianissa se enfocaba en derrumbar al oponente, mientras que Aleit intentaba hacer el mayor daño posible. Lianna se lanzó hacia Mattheus, para intentar salvarlo. Pero era muy tarde, y su magia no funcionaba.

Finalmente, Armeyaf hizó un hechizo de pared de fuego, lastimando al dragon, quien volvió a desatar una moribunda ráfaga de ataques. Odín seguramente protegió a Orluk, ya que por mucha suerte, la cola no logró azotar contra el guerrero. Y Mianissa al final, soltó el golpe de gracia, perforando la cabeza del dragón. La bestia cayó con un estruendoso ruido.

Mattheus, quien se mantenía con vida solo por fuerza de voluntad, dió sus últimas palabras, disculpandose con algunos, dejando la proteccion del grupo en manos de Orluk. Y finalmente, el heroe dejó este mundo.

“Oh, lo mataron?” dijo una voz familiar, la de Vesele. “Ciertamente no me hubiera servido entonces. Oh, bueno, al menos no se fueron en limpio: que bueno que logró matar a su amigo. Nos veremos despues!”, dijo, y se volvio a marchar.

El grupo solo pudo reagruparse, y dirigirse a la aldea de la Tribu del Oso, donde le dieron una despedida heroica a su amigo. El futuro de la misión seguia en el aire.

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Revelacion
Murmullos

Los heroes tuvieron su merecido descanzo. Las heridas fueron atendidas, las armaduras restauradas. La moral estaba en alto, y Jaelen agradecido. Pero las cosas no se quedarían así por mucho tiempo. En la mañana, fue revelado que dos personas, sucias, cansadas, y visiblemente heridas, habían llegado. Estas clamaban que había una gran cantidad de sobrevivientes en los bosques: los demonios no habian matado al pueblo. El General le pidio al grupo que fueran a investigar, ya que todavia habia mucho que hacer en la ciudad. El grupo acepto, y se dirigio.

El camino fue relativamente tranquilo, hasta que llegaron a las afueras del bosque. En vez de verdes arboles y un saludable aroma, les recibio una horrible vision: los troncos parecian pedazos de carne, palpitantes y horrendos. Las ramas parecian miembros de algun torcido cuerpo. Las hojas eran hechas de una sustancia cartilaginosa. Cada paso que daban, era como pisar la mano de un humanoide. Se adentraban cada vez mas, asqueados por lo que les rodeaba. Orluk aseguraba que la maldad permeaba en cada arbol, cada hoja. Y todos estuvieron de acuerdo.

Lograron encontrar un claro, en donde decenas de pequeños demonios tomaban a prisioneros, y los arrojaban a un gran portal, una estructura radiante, con dos enormes pilares que asemejaban garras. Los prisioneros estaban tras rejas, enjaulados unos sobre otros. Haciendo guardia sobre ellos, demonios con dos pares de grandes y fuertes brazos, sosteniendo enormes arcos. Y en el centro, un pequeño pabellón. Frente a él, una figura humanoide, utilizando una tunica oscura y una metálica máscara, observaba.

Obviamente, los aventureros se lanzaron, tras buena planeación, a salvar a los prisioneros. La batalla estuvo en duda por un tiempo, pero gracias a la inquebrantable voluntad de Orluk, la poderosa magia divina de Haward, y la exacta punteria de [[Mianissa, obtuvieron la victoria. Mattheus libero a los prisioners, con ayuda de Aleit. William estuvo al borde de la muerte, ya que el humanoide luchaba con impresionante habilidad. Pero no fue suficiente para vencer. Tomado prisionero, el grupo lo interrogo.

Revelo que su nombre era Alathraz, un Zenythri, y era un teniente de Mezzernach.

“Nuestro plan? ... Es traer a la Madre de la Vida. Ustedes son una abominacion. Sus montañas, sus arboles, una afronta al verdadero Proposito del Universo. No deberia ser. Nuestra madre vendra, y nos otorgara la bendicion de convertirnos en seres perfectos, hermosos. Y alineados al Proposito. Nosotros los Zenythri alguna vez viviamos en este su mundo… pero fuimos expulsados. Y crecimos, forzados a sobrevivir en mundos extraños y hostiles. Pero eramos fuertes. Nuestra voluntad era superior. Incluso aunque nuestra Diosa nos abandonó, nuestra fuerza no tenía límities. Lentamente tomamos control de ese nuevo mundo. Y luego otro. Y otro. Pronto, formamos el gran Imperio de los Trece Soles. Pero el podero cayo en mano de estupidos, leales a la antigua Diosa y sus designios. Hubo ciertos de nosotros que sabiamos que habia algo mas… y ese algo era Mezzernach, el gran elegido de la Madre. El nos enseño sobre ella, sobre su Propósito y su verdad. Y nos dimos cuenta que habiamos vivido en una mentira. Nuestros cuerpos nos daban asco, con su inherente desperfecto. Mezzernach nos ofrecia la libertad, nuestro verdadero destino. Y le ayudamos. Muchos mundos han sido bendecidos por la Madre. Y ahora? Su mundo sigue.”

Horrorizados, aceptaron a darle muerte. El grupo volteo a ver al portal, sabiendo que aun habia prisioneros tras el, y una amenaza a su mundo.

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Una feroz batalla
La lucha por Jaelen

El individuo observó al grupo detenidamente. El respirar de los heroes hacia un extraño contraste al silencio que reinaba. Apuntando con su extraña arma, ordenó, en una voz penetrante, que Haward rindiera el báculo. “No tiene valor… es sólo un báculo”, decía. “Pero tiene cierto valor sentimental para mi.”

Haward lo vió seriamente, y se negó. En su mente, como en la de los demás, no podía evitar pensar que esta creatura utilizaría el poder del báculo para fines terribles. La creatura mencionó que la destrucción del báculo no serviría de nada; incluso los pedazos serían de agrado para él.

Las cosas estaban tensas, y se volvieron peor al cabo de segundos.Aleit notó que estaban siendo rodeados; en las ventanas de los edificios aledaños, una enorme cantidad de ardientes ojos amarillos los observaban, esperando. Al poco tiempo, el resto de los aventureros se dió cuenta que había un número impresionante de demonios. Orluk ardía con odio, su pueblo tan lleno de esas viles creaturas. Sin embargo, surgió una interrogante: ¿porqué estaba pidiendo el báculo? Ciertamente, podría quitarlo a la fuerza. “¿Es porque tiene que ser entregado, correcto?”, se murmuró.

La creatura solo comentó que preferiría recibirlo de buena manera: no había necesidad de violencia. Si Haward aún no quería, entonces tendría que tomar acción. Les otorgó un día para cambiar de opinión. De lo contrario, acabaría con Jaelen.

Los demonios abrieron un camino, y el grupo comenzó a marcharse. Excepto el General. “No correré de mis enemigos. Ese no es el camino de un soldado de Jaelen”. Entretenido, la creatura solo hizo un ademán de retirada. “No seas ridículo; tu y tu patética fuerza no durarían ni un segundo contra mi. No pienso perder el tiempo.” Y con eso, desaparació junto con todos los demonios.

El resto del día se pasó en preparar una defensa. No se entregaría el báculo. Pelearían, y vencerían. Barriles de agua bendita fueron preparados. La gran cantidad de la población transportada al centro de la ciudad, y armada. Si los demonios querían pelea, Jaelen se las daría.

Los preparativos estaban completos. Los minutos pasaban lentamente, la duda y el miedo lentamente creciendo en los corazones de los guerreros. Y justo en la hora misma cuando la advertencia fue hecha, una estruendosa voz retumbo: “Haward Flaming! Es tu última oportunidad. Entregame el báculo, o destruiré este infame pueblo.”

Haward salió al balcón del palacio real, portando su reluciente armadura y alzando el brillante báculo. “Jamás, sirviente del Abismo!”

”...Que así sea.”

Con estas palabras, una enorme figura comenzó a caminar hacia el palacio. Era el individuo en la horrible armadura! Pero su tamaño era impresionante. Justo sobre él, una ruptura en el cielo dejó pasar una gran estructura negra, acompañada de cientos de flameantes figuras: Balors, los generales del Abismo!

El pueblo veia con horror a sus enemigos, pero aun con el miedo, estaban dispuestos a luchar. Los aventureros comenzaron a trazar sus planes de accion, cuando la metálica voz del ser sonó detrás de ellos. “He venido, Haward. Tu vida y la de los tontos que te acompañan son mías.” Y comenzó una feroz lucha. Al principio, los valientes heroes actuaron como si su enemigo fuese de su tamaño. Pero había algo raro, algo que provocaba que no pudiesen acercarse. Armeyaf detectó que todo era una ilusión; el verdadero enemigo no era humanoide. Haciendo uso de su poderosa magia, rompió el glamour que la creatura tenía, revelando un enorme demonio, musculoso, con crueles garras, y oscuro poder.

La lucha fué feroz. La creatura, un Glabrezu, no cedía, y su poderosa magia hacía estragos en la mente y cuerpo de los heroes. Pero incluso con la gravedad invertida, los guerreros peleaban con todo su poder. Increibles heridas se hacían al enemigo, solo para que lentamente se recuperaran. Los grandes ataques del demonio eran restaurados por la divina magia de Haward. Pero fue la espada del valiente Osric, bendecida contra los ajenos, que logró devolverlo al Abismo. En ese momento, el oscuro castillo y los cientos de Balors desaparecieron: Todo parte de la ilusión.

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Jaelen

El puerto de Leveast se extendía por la costa. El curioso barco por fín había llegado, después de casi un mes de viaje, tierra firme.

Desembarcaron en (nombre del mes) 3. Los aventureros observaron el puerto, básicamente dándoles la bienvenida. Un aburrido guardia les hizo las preguntas de rutina de cualquier soldado encargado de cuestionar a los forasteros. Sintiéndose satisfechos, los dejó pasar.

En su caminar por las calles, escucharon que un soldado anunciaba que el Ejército estaba reclutando. Inquiriendo por información, se enteraron que Jaelen necesitaba individuos fuertes y valientes para servir. Descubrieron que el ataque a la capital había sido enorme y destructivo, pero finalmente repelido. Tristemente, el pueblo había sufrido terribles pérdidas, y el ejército horribles bajas. Sin embargo, la nación necesitaba protección, y abrió el reclutamiento.

El grupo habló sobre las posibilidades, considerando que realmente no se conocían, y no tenían motivos de estar juntos. Algunos querían vengarse de ese armado individuo, otros estaban intrigados por la situación, y otros más no tenían nada mejor que hacer. Así, se acordó que fungirían como un grupo de mercenarios. Le informaron al soldado de esto, quien los mandó adentro de la oficina.

Ahí, conocieron al General Hjor, el cual tomo sus nombres, y aceptó su contrato. Les informó que saldrían hacia la Capital el día siguiente, y que tendría listos sus papeles pronto. El grupo quedó en verlo, y partieron.

Afuera, un extraño incidente sucedió: un hombre se lanzó hacia ellos, portando una botella rota, balbuceando incomprensibles cosas. Mattheus logró detenerlo, junto con un alto hombre, portando una enorme espada. Armeyaf les informó que muy seguramente, el atacante estaba poseido por un demonio (cosa que el otro guerrero, Orluk, confirmó). Llevaron al individuo a una vinería, con la intención de interrogarlo.

Después de varios intentos, lograron hablar con el demonio. Este no les dió información, solo diciendo que venía por el bastón de Howard. Prosiguieron a torturar al demonio, y éste abandono el cuerpo. Tras una larga pelea, el demonio se teletransportó fuera, y el grupo observó que lamentablemente el hombre había muerto.

Al día siguiente, viajaron con el General, quién les presentó a Osric, Paladin de la Orden de la Corona. La llegada a la ciudad fue relativamente sin problemas, aunque se encontraron con un grupo de pequeños demonios que devoraban cadáveres.

Dentro de la ciudad, encontraron que en cierto lugar, se había estado formando un círculo ritualístico, formado de carne y cosas que parecían piel. Este material lo habían visto en algunas partes de la ciudad, y se dieron cuenta que en este lugar había comenzado y ramificado. Este material se quemaba con agua bendita, y tras poco tiempo, lograron destruir el círculo.

Durante ese periodo, un extraño hombre les preguntaba cosas, bastante molesto. Intentó pedir el bastón a Haward, pero éste se rehusó. Dicho bastón tenía el curioso efecto de hacer crecer esta plaga.

Al caer la noche, escucharon un grito venir de un callejón. Al ir a investigar, encontraron el cadaver de aquel hombre molesto, contorsionado en dolor. Y, de repente, frente a ellos, el individuo completamente armado apareció.

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La gélida expedición

El día que arrivaron a la aldea, era Solket 27. El enano que los recibió se presentó como Hunnot, y les sirvió alimentos y bebidas. Al poco tiempo, se eschuchó que alguien tocaba la puerta. La mujer de Hunnot fue a ver quien era.

Resultó ser Ulkruk, señor de la aldea, acompañado de otro enano. Presentó a su acompañante como Black Emmerald, su hijo. Reveló a los extranjeros que su presencia era un presagio para su gente, ya que rondaba una profecía que hablaba sobre forasteros que traerían gloria para el pueblo.

Les relató que los gigantes de hielo habían incrementado sus ataques, siendo tan crueles como para tomar prisioneros. Debido a que la aldea estaba diezmada, teniendo solo un puñado de guerreros para defenderla, Ulkruk pidió a los aventureros ir y rescatar a su gente. Gracias al sacrificio de varios enanos, se había descubierto una entrada secreta, un camino pequeño y escondido que recorrería la guarida de los gigantes, sin revelarlos.

Los aventureros aceptaron, pidiendo a cambio que se les ofreciera transporte fuera del pueblo. Ulkruk aceptó, y se acordó que partirían en un día.

Los heroes aprovecharon su tiempo para recorrer el pueblo. Vieron a pocos enanos, triste evidencia de su sufrimiento. Buscando armas, Mattheus encontró una forja, propiedad de Bolgor. Después de una interesante competencia artística, en donde el bardo resultó victorioso, consiguieron sus provisiones y equipo.

Al día siguiente, Ulkruk fué a buscarlos, y los mandó en dirección de la entrada secreta, junto con su hijo, Black Emmerald. El viaje fue relativamente tranquilo, abrigados para el frio, y con buena compañía.

Después de unas horas de viaje, llegaron a la entrada señalada. En efecto, había un hueco, midiendo dos enanos de alto, y dos de ancho. Fácil entrada para el grupo, aunque Appa tuvo dificultades para entrar (resueltas al reducirlo). La exploración del lugar fue hecha con ligera dificultad, primordialmente debido a la presencia de algunos gigantes vigías. Afortunadamente, el camino que los aventureros seguían estaba lo suficientemente alto como para evitar las miradas de sus enemigos.

Encontraron un camino que guiaba hacia más dentro de las montañas; Black Emmeral quiso investigar. El camino llevó hacia un pequeño valle, donde se divisaba una gran villa de los gigantes. Entre ellos, humanos con túnicas rojas enseñaban con dificultad magia a los gigantes. Horrorizado, Emmeral regresó, e informó de sus descubrimientos. El grupo no podía hacer nada al respecto, solo encontrar a los prisioneros.

Lamentablemente, un gigante notó algo extraño arriba, y decidió mandar unas arañas a investigar. Estas emboscaron al grupo, pero fueron derrotadas. Este hecho reveló que había intrusos en su cueva; los gigantes comenzaron a atacar su techo. A duras penas la mayoría del grupo logró escapar, pero Black Emmeral y Haward Flaming cayeron. Fueron rodeados por gigantes, y muy posiblemente hubieran muerto. Pero Armeyaf hizo uso de uno de sus secretos, y desencadeno la furia de una aberrante bestia. Aunque debil, provocó la suficiente confusión para que Haward y Black Emmeral lograran escapar.

El grupo se escabulló por un pasadizo, que afortunadamente guiaba a su objetivo: las celdas de los prisioneros. Encontraron que la gran mayoría eran mujeres enanas, pero había un par de enanos bastante golpeados, y un humano. Haciendo uso de sus no-muy-legales habilidades, los liberaron a todos, y los llevaron hacia el pasadizo. El humano se presentó como Mikol Fulast, diciendo que provenía del Valle de Territoria.

El grupo continuó, y fue acosado por un enjambre de arañas, las cuales venían de la espalda de un enorme especímen que caminaba por las salas de los gigantes. Mikol logró ayudar el grupo, revelando que tenía poder arcano al materializar fuego desde sus manos. Se quedó fascinado por una enorme puerta, diciendo que deberian entrar ahí. El grupo se negó, y continuaron hacia la salida. Dejaron de ver gigantes; ni uno solo estaba donde antes había más de una docena.

Finalmente, salieron de las cavernas. Sin embargo, notaron que Mikol no estaba; se les había escabullido. A los lejos, en las planicies congeladas, notaron una gran nube de polvo; aquellos que ávida visión notaron que una gran cantidad de gigantes estaba marchando hacia el pueblo. En el cielo, un par de figuras usando túnicas rojas acompañaban a los gigantes. Reconociendo un ataque al pueblo, Black Emmeral pidió al grupo apresurarse. Una discusión sobre las prisioneras comenzó, eventualmente terminando en que ellas y los pocos guerreros enanos que había entre ellas se refugiarían en las cavernas, mientras que Emmerald y el grupo se apresuraría a Othrikar.

Llegaron y avisaron sobre el ataque. Ulkruk no tenía más opción que preparar la misera defensa. Sin embargo, el trabajo del grupo había terminado; Mattheus pidió que se les recompensase. Ulkruk asintió, y les dió las direcciones hacia el puerto. Bolgor, quien se había alistado para el combate, fue ordenado ir con ellos.

El grupo abandonó Othrikar a su suerte, y, llegando al puerto, abordaron un barco. Bolgor se despidió, diciendo que iría a recibir su muerte en la defensa de Othrikar. El curioso barco, mantenido por una pequeña cantidad de elfos, se movió con rapidez hacia el puerto más cercano: Leveast, en Jaelen.

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El congelado laboratorio

El grupo se veía perplejo por esta revelación. Un complejo hecho de hielo, en medio del desierto? Solo un gran poder podría hacer esto. Antes de adentrarse a ese extraño lugar, prefirieron descanzar.

Unas horas después, en la mañana, escucharon un estruendoso rugido. Aunque Mattheus trató de descubrir que fué, no logró ver nada, solo una extraña hendidura en la arena. Sin querer arriesgarse a ser devorados por esa cosa, entraron al complejo.

Lo primero que vieron fue un cuarto, aparentemente acondicionado para mantener a una persona. Librero, mesa, cofre, y una cama. Sobre la cama, una pequeña lagartija los observaba. De ella emanaban destellos de electricidad. Entre más se acercaban, más destellos generaba. Fue hasta que una puerta se abrió bruscamente, que la lagartija dejó de observarlos, y rápidamente se dirijió hacia esa puerta. De ella, salieron dos personas: Aleit, acompañada de Cheetarah y William DorLance, montando a Appa. William logro comunicarse con la lagartija, y por unos momentos se apaciguó (usando magia). Lamentablemente, minutos después intentó atacar a William. Appa se encargó.

El grupo exploró el cuarto, descubriendo varios tomos arcanos, y un montón de cartas, dirijidas a Belvin, escritas por Valerus Amin, donde se hablaban de muchas cosas, entre ellas, como llegar a éste lugar. Sin embargo, la última carta decía que los Malvocadores atacarían a Jaelen en un mes, y que se debería hacer algo. La fecha era precisamente un mes antes.

Aparentemente, el mago que los teletransportó hasta aquí era el tal Belvin, y estaba explorando los alrededores. El grupo se dio cuenta que el complejo era aún más grande, y continuaron explorando. Después de algunas trampas, descubrieron que este lugar estaba diseñado para experimentos arcanos, buscando traer algun tipo de vida a fabricaciones. Vieron creaturas mecánicas, guardianes escudo, trabajar sobre un material azul. Estas ignoraron al grupo, y continuaban eternamente su labor. Pero parecía que habían visto todo el complejo.

Tras un afortunado descubrimiento, vieron que había una última puerta, que guiaba a lo que parecía ser un jardín. Muchas flores crecían, y se veían niños bailando y jugando. Una ilusión. En el centro de ese jardín, una estructura reinaba. Parecía un blanco obelisco, rodeado de bellos adornos. Frente a él, estaba otra de esas mecánicas creaturas. Sin embargo, ésta era capaz de hablar.

Los dirigió hacia un cuarto redondo, enorme, con múltiples instrumentos arcanos. En el centro, una figura humanoide, de tamaño mediano, estaba sentada. Esta figura parecia vagamente humana, pero su cuerpo estaba cubierto de metal, y su cara revelaba que pertenecía a otra raza. La figura se presentó como Farlock, y se refirió al lugar como el Laboratorio de Nevecial. Al parecer, ignoraba el paradero de su amo, y se mostró molesto al descubrir que Belvin había profanado el lugar haciéndolo suyo.

Gracias a él, el grupo descubrió que podrian salir del desierto, por medio de un círculo de teletransportación, que los llevaria al extremo norte del mundo. Farlock les informó que sus hermanos, los guardianes escudo, estaban programados para minar las montañas por el valioso hielo azul, y forjarlo. Como su amo no había regresado en mucho tiempo, no era capaz de cambiar las ordenes. El extremo norte del mundo estaba escasamente poblado, y solo ocurrían pocas escaramuzas contra unos enanos. Les informó que había una villa de ellos a unos cuantos días de viaje al este del círculo.

El grupo se despidió de Farlock, y emprendió su camino hacia esa villa. En su camino fueron emboscados por dos trolls de hielo, pero los derrotaron con facilidad. Uno, sin embargo, logró avisar al resto de la manada sobre ésta peligrosa presa. Afortunadamente, William logró desviarlos.

Finalmente, el grupo llegó a una villa de enanos. Se veia algo despoblada, aunque los edificios se veian fuertes y resistentes. La arquitectura era extraña, fuera de lugar. Los enanos eran, en su mayoria, de piel palida, ojos dorados, y de ropaje ligero. Sus barbas y su pelo también eran dorados, y reflejaban hermosamente la luz del sol. Uno de ellos recibió a los aventureros, y les ofreció su casa.

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Celebrando a los Belmondo

Una celebración muy esperada. Después de mucho tiempo, Henry Belmondo por fín tenía otro hijo. Grandes invitaciones se hicieron a varias importantes personas, para juntos bendecir a éste nuevo niño.

Es curioso como el destino se asegura de algunas cosas. Incluso individuos que ni sabían de los Belmondo se encontraban en Jaelen, cada uno por sus propias razones. Algunas más valientes, otras más triviales. Mattheus Adamant, Mianissa Steelgleam, y Armeyaf Ilvantur habían arribado a la capital recientemente, y fueron invitados a la gran celebración (al igual que el resto del pueblo).

La ciudad estaba completamente adornada para el festejo. Cientos de luces iluminaban las plazas, sobre todo en aquella donde se llevaría a cabo la presentación. Los habitantes portaban sus mejores ropajes, y el Rey incluso mando sus más sinceras felicitaciones, lamentando no poder asistir. Ya todo estaba listo para iniciar.

Despues de una excelente presentación por Hypokrisis, gran tropa de trovadores, Henry tomo la palabra, y agradeció la presencia de todos. Narró un poco de la historia de su familia, y sobre la gran bendición que era recibir otro hijo. Alabo la presencia del gran sacerdote de Pelor, Lord Liam Bostwick (quien estaba sentado a unos metros del hablante, junto con su acólito Haward Flaming), y el hecho de que su retoño seria bautizado por dos panteones.

El viejo sacerdote dió unas palabras, de bondad, de paz y de alegría. De repente, un aplauso metálico resonó. El público volteó, y observó a una figura usando una gran armadura. Teñida de negro, cubriendo completamente su cuerpo, y usando un yelmo angular y maligno, solo dos ojos como luces rojas salían de él. A su lado, un arma extraña, como una lanza pegada a una espada, cruelmente afilada. Caminaba lentamente, acercándose al podio. Con una voz ronca y malévola, llena de sarcasmo, felicitó a los Belmondo.

Henry y el individuo discutieron un poco, pero súbitamente todo se quebró: el armado arrojó su lanza contra el valiente padre. En una pequeña escaramuza, se intentó tanto detener a este individuo, como salvar a Henry. Pero nada funcionaba. Pronto, el sacerdote de Pelor yacía empalado también. Y con sus últimas fuerzas, le entregó su bastón ceremonial a Howard.

El sujeto invocó a un gran demonio, que comenzó a seguir a Howard, y aquellos que corrían con él. La situación parecía perdida; la creatura era más rápida, y se acercaba. Pero frente al grupo, apareció un individuo portando túnicas negras, que les ordenó acercarse y tocarlo. En cuanto lo hicieron, comenzó un hechizo para salir de ahí. Pero el demonio rugió con ira, y desencadeno un terrible ataque.

En un instante, todo cambió, y se encontraban ahora en un enorme desierto, el Sol cruelmente brillando, y el calor agobiandolos. Con vida, pero desconcertados. Lamentablemente, el último ataque del demonio alcanzó a golpear al hechizero, y este yacía muerto en la arena.

Mianissa, Howard, Armeyaf, y Mattheus estaban en un lugar desconocido, y en peligro. Enterraron al hombre, y comenzaron a caminar. El inclemente clima lentamente drenaba sus fuerzas, pero algunas personas estan marcadas para algo más grande. Tal fue el caso. Con suerte, encontraron refugio: una cueva debajo de las arenas. Descanzaron ahí por algunas horas. En el transcurso de la noche, Armeyaf fue visitado por pesadillas, hasta que despertó. Encontró a Umaro observándolo; segundos después, el sapo comenzó a explorar el cuarto, eventualmente sintiendo que una frío corriente provenía de una pared.

Perplejos, el grupo intento descubrir que había, y revelaron que tras de esas rocas, se encontraba un pasadizo hacía lo desconocido. Y lo más extraño: parecía una caverna congelada!

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El Fin

Tras una serie de aventuras, entre ellas una exploracion de la Tumba de Solin, y ser acompañados por Rylmett, los aventureros se encontraron persiguiendo a unas misteriosas creaturas, que habian atacado la aldea del elfo oscuro, y robado una sagrada reliquia. Las huellas guiaban hacia la Infraoscuridad, peligroso lugar, pero no lo suficiente para detener a los heroes.

Sin embargo, su busqueda termino en tragedia. Tras ser testigos de un feroz combate entre esas misteriosas creaturas acompañadas por una serpiente antropomorfica , y un grupo de esos insectos aberrantes, los aventureros decidieron emboscar a los sobrevivientes: cuatro de esas creaturas, y la antes mencionada serpiente.

La lucha fue feroz, pero sus enemigos resultaron ser mas poderosos. La serpiente, utilizando gran poder arcano, derroto a los heroes con una variedad de hechizos. Ni siquiera el poder curativo de Runeldir les ayudo. Una lluvia de hielo, destellos de fuerza pura, un gran grito cargado de magia, y una llamarada termino con la vida de los heroes.

Seguramente sus almas se han ganado un lugar en las Salas de los Dioses, en donde veran el futuro del mundo desenvolverse lentamente. Su parte en la historia termino, pero sus hazañas marcaron una diferencia en su curso.

Tal vez algun gran bardo cante sobre sus aventuras. Tal vez aventureros levantaran un tarro en su nombre. Pero algo es seguro: no seran olvidados.

FIN

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