La Madre de la Vida

Epílogo: ????
Acciones...

Mianissa entró a su recamara después de una asombrosa presentación. Cansada, colgó su abrigo y su capa en los ganchos preparados. Sacudió un poco la cabeza, tratando de avivarse un poco para prepararse a descansar. Sus ojos observaron su cuarto, y un cosquilleo corrió por su espalda, ese sentimiento tan entrenado después de lo que había vivido. Algo estaba diferente en el cuarto. El más ligero cambio en la silla, una arruga en la alfombra… y un sobre en la cama. Lentamente sacando una de sus múltiples dagas, se acerco lentamente, sus ojos inspeccionando el cuarto. ¿Una emboscada? ¿Para ella? Ilusos. Pero su mirada cayó sobre el sobre, y no pudo evitar inhalar en sorpresa.


Selethis, tras otra misión exitosa, había sido llamada por el Triunvirato. La reunión había sido rápida; sus patrones le habían felicitado por un excelente desempeño, y le habían obsequiado otro regalo. Ella lo había aceptado, y se había retirado. Caminaba ahora hacia su recamara, agradeciendo que no tuvo que hablar con nadie en el camino. Dejaría el regalo junto con los otros, y tomaría otra misión. Pero al entrar, Selethis noto con desagrado que alguien, de nuevo, había entrado a su cuarto sin permiso. Lo tacharía como otro intento de ‘avivar’ el cuarto. Pero su girasol, su único adorno, yacía sobre algo más. Algo que no pertenecía. Extrañada, Selethis se acerco, y descubrió que debajo de la maceta, un sobre esperaba.


Theudric había celebrado fuertemente la inauguración de un nuevo taller, patrocinado por el Clan ForjaVida. Por fin, se comenzaría a trabajar seriamente en la construcción de nuevos golems. El enano estaba seguro que podría mejorar los arcaicos diseños, y hacerlos más fuertes que nunca. Los drow e illithid serian enviados a las profundidades de nuevo, pensaba el orgulloso artesano. Camino a su casa, tambaleándose un poco de cansancio, se despidió de sus amigos y aprendices, y finalmente, abrió su puerta. Sus ojos inmediatamente notaron un curioso sobre descansando no en el piso, sino en su mesa.


Armeyaf había dignado de despegarse un poco de la investigación. Sus ojos necesitaban al menos unos minutos de descanso. No sentía cansancio como antes… era ahora tan fundamentalmente diferente este sentimiento de desgaste. Era como si su memoria rugía que debía descansar, pero su cuerpo se oponía, mostrando reservas desconocidas de energía. Una fortaleza extraordinaria ahora fluía en sus venas – si así se les pudiese llamar – que le exigían continuar. Pero el dominaba, y el marcaba su propio curso. Decidió, pues, cerrar sus ojos por unos minutos. Al abrirlos después, se decidió continuar con su lectura. Pero en vez de la cursiva letra que adornaba las antiguas hojas de este tomo, vio un sobre frente a él.


Curfen por fin se retiraba a sus aposentos a meditar. Últimamente, horas pasaban en discusión con el resto de los Archimagos. No muchos accedían a los cambios que sugería, y grandes confrontaciones verbales resultaban. El elfo notaba que no eran necesariamente sobre el tema en cuestión, sino años y años de resentimiento entre sus colegas que resurgían. Pero el era paciente, y sabia que eventualmente sus hermanos en el arte entenderían la situación actual. Curfen abrió su puerta, solo para encontrar su recamara ya alumbrada. Y no por él. No sabiendo que esperar, reunió su poder arcano para investigar sus alrededores. Pero fuera de los trazos mágicos del cuarto mismo, no había nada fuera de lo normal. Un error, tal vez? No, imposible. El elfo inspecciono su cuarto, y rápidamente noto que, sobre su mesa de estudio, estaba un sobre, dirigido a él.

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Los aventureros, en sus diferentes recamaras y lugares, vieron que el sobre era blanco. Al tocarlo, notaban que era de una textura muy suave, casi como fina seda. El sobre estaba dirigido hacia ellos, cada uno por nombre, y estaba sellado con una marca conocida – un medio circulo sobre una línea horizontal, con ondas extendiéndose de él. El símbolo del caos primordial en Terra. Abriéndolo, encontraron una carta, en una letra muy fina y pequeña, un poco difícil de leer. La carta decía:

Hoy, día 22 del mes de Nobelirus,

A mis apreciados amigos y compañeros:

Realmente, un merecido enhorabuena! Su victoria contra su odiado oponente es noticia del mundo. Me uno a la celebración de sus nombres, y les doy mis más sincero agradecimiento. Lamento no haberlos podido asistir durante ese tan devastador encuentro, pero situaciones complicadas surgieron, que tenía que atender.

Xolden, elfo comandante de los Cyrol, me informó de otra de sus hazañas; me da gusto saber que sus enemigos, los Malvocadores, hayan sido tan certeramente derrotados en el campo de batalla. Un honor más a su nombre! Miles de almas descansaran ahora en paz, sabiendo que aquellos que les privaron de vida han sido castigados. Siéntanse orgullosos de eso.

Sin embargo, ningún agradecimiento es suficiente como para expresar el bien que han hecho, tal vez sin saberlo. Habrán notado que su gran enemigo tenía como rehén a ciertas personalidades interesantes, viejos conocidos de ustedes, seguramente. Podrían haberse preocupado por el paradero de estos individuos. Permítanme decirles que no hay necesidad. Poco tiempo después de su monumental victoria, me di la labor de buscar y neutralizar a estas posibles amenazas a tan hermosa paz que han traído. Espero les de gusto saber que estas viles creaturas no volverán a ser un peligro para Terra.

Aunado a mi agradecimiento está también el de mi verdadero y único Amo. Lamentablemente, él no es capaz de escribir, por falta de una presencia física en este mundo. Pero su voluntad corre a través de mi, y me permito extender sus más sinceras ‘gracias’. El ha sufrido, tal vez más que nadie, a través de los milenios. Pero gracias a ustedes, su dolor cesará. Las bendiciones que él ofrece a aquellos que le ayudan son infinitas. Sépanse afortunados, oh amigos, de estar en su gracia.

Veinte hojas y más podría escribir y escribir con agradecimientos traídos desde siglos atrás, pero estoy seguro que comprenden este tan puro sentimiento. Consideré darles un merecido regalo, pero cualquier cosa solo mancharía o disminuiría la calidad de este fervor que siento por ustedes.

Indudablemennte, sus vidas estarán llenas de maravillosas y asombrosas hazañas. Han marcado el destino del mundo, y las riendas están ahora en manos de los que lo merecen. Y estoy seguro que llegaran a ver el fruto de sus labores, la verdadera recompensa de lo que han hecho.

Estare siempre cuidándolos, y trataré de ayudarles en cuanto mis capacidades me lo permitan.

No duden en llamarme si es necesario.

Enorgullecido de ser su amigo,

EVEDHX

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Epílogo: Salmissra
La espera que termina...

La vibrante jungla era, en general, salvaje. Dominada por fuerzas de la naturaleza, hogar para cientos o miles de creaturas que poco les interesaba los asuntos de Dioses y mortales. Disfrutaban su placida existencia, sin preocupación mas allá de sus hogares. Este lugar era suyo, y solo se involucraban aquí.

Pero en el corazón de esta jungla, escondida por enormes arboles, musgosas lianas, y salvajes ríos, yacía la gran ciudad-templo de Thessirath, hogar de la Tribu de los Colmillos Esmeralda, y su reina, la Eterna Serpiente, Salmissra. La ciudad era un lugar arcaico, un recuerdo de tiempos pasados, aferrados a memorias que se desvanecían cada segundo. Sus edificios eran labrados de un material duro, color tierra, fortalecido por magia. Sus estructuras estaban acomodadas de tal manera que rodaban el impresionante Templo de la Serpiente, un lugar que resplandecía en su esplendor bajo el Sol y la Luna, sin celos de su brillante luz, gracias a ese fuego interno que provocaba que su reluciente superficie, adornada por miles de esmeraldas, reflejara y refractara todo lo que le rodeaba.

Aquí reside Salmissra, un ente milenario, quien controla casi completamente a los Yuan-Ti. Una infinidad de cosas preocupaban su mente; planes, movimientos, creaturas, traiciones y alianzas. Pero ahora, su mente se enfocaba en una sola cosa. El prisionero que sus leales sirvientes le habían ofrendado. Una situación que ella había esperado por miles de años. Por fin, ante ella, impotente y encadenado, tan reducido y humillado. Un odiado ser que había logrado sobrevivir catastróficas derrotas. Un hombre – ¿podía todavía ser considerado hombre? – que la había doblegado y esclavizado, atándola por siglos a su oscura voluntad. Mannimarco.

No era el cuerpo que ella recordaba. Sus facciones eran tan diferentes. Cuando lo capturaron, portaba una gran armadura de Gibraiin, con un emblema torcido de la Casa de Amín. Mucho más musculoso. Pero los ojos eran los mismos. Viles espejos de maldad pura. No había compasión en ellos. Ni un trazo de consciencia. Y ellos observaban silenciosamente a Salmissra.

Los Yuan-Ti habían librado una gran batalla, y habían triunfado. Pero el dulce sabor de la victoria no había nublado su juicio. Siempre atentos a lo que sucedía a su alrededor, fueron ellos quienes notaron un cuerpo caer a gran velocidad. Fueron ellos quienes recuperaron a esa creatura. Fueron ellos quienes le envenenaron, ataron, y transportaron aquí. Serian recompensados, en su tiempo. Por ahora, ella disfrutaría de -

Oh, inocente Salmissra, mis más leal esclava. Deja de fantasear e imaginar, y llega al punto. No les interesa leer sobre las injusticias que viviste. Quieren ver sangre! Mas especifica, la tuya. Ellos me aman. Hola Jez! Hola Alan! ... A ustedes otros no los saludo. Saben lo que hicieron. No los he perdonado! ¿Disfrutaron ‘ganar’ su campaña? No estuvo tan divertida, de todas maneras. Solo aparecí en pocas escenas! Y la mitad de ellas, en ese condenado espejo. Bah. Además, que tipo de nombre es ‘Solín’? ‘Cinocar’? Parecen nombres de seguidores de la Llama Plateada. El camélido. Beeeeeeh! En fin, de vuelta a la acción. Besos, M

- observar su actual situación, y saborear el dolor que sufriría. Arrogantemente miraba a los ojos verdes de Salmissra. Ambos estaban en completo silencio. ¿Tenían miedo de hablar? ¿O, acaso, buscaban la mejor forma de comenzar? Era imposible saberlo. Mannimarco sonrió, y carcajeo.

“Sé que soy hermoso, Salmissra, pero no es para que te quedes muda!”, dijo, entre risas. Su voz era también diferente. Era una voz… buena. Compasiva. Pero horriblemente entonada. Salmissra aun guardaba silencio.

“Vamos… Ambos sabemos que terminaras soltándome. Se, mejor que nadie, que extrañas los viejos tiempos. Libérame, y volveremos a nuestras… aventuras.”, dijo, Mannimarco, con una cínica mueca.

Pero Salmissra callaba.

Mannimarco suspiró. “¿Te quedaras así todo el tiempo? Soy un hombre ocupado, sabes. Tengo muchos pendientes que atender. Pero podemos hacer esto algo semanal! Yo vengo, hablo, y tú te quedas en un silencio incomodo. ¿Qué opinas?”

La Eterna Serpiente no contestaba. Se acerco a Mannimarco, quien estaba atado a una superficie de madera, encadenado con un metal exótico. Una mesa cubierta descansaba a unos metros de él. Pero no decía una sola palabra.

Mannimarco giro los ojos. “Sé lo que tramas. Venganza. ¿Pero sabes lo interesante que rodea a ese concepto? Uno se pierde en él. Eclipsa todo lo demás. Solo existes para eso. Y cuando lo logras, ¿qué pasa? ¿Un vacio? El propósito que tanto te guiaba desaparece. ¿Y para qué? Unos segundos de placer, o tal vez días, si tienes talento. Créeme, Salmissra. La venganza es tan deliciosa si la dejas crecer, jamás cumplir. A llegar al punto en que es toda una fuerza aparte.”

Salmissra levanto la manta que cubría la mesa, revelando crueles instrumentos de tortura. Todos y cada uno de ellos tenían el símbolo del Atardecer. Ella tomo uno en sus manos, y lo veía curiosamente.

“Ah, tus viejos instrumentos. Que detalle. E irónico. Ha He. Úsalos. ¿Crees que me importa? Este no es mi cuerpo. Lastima al chico que uso. Yo simplemente me iré, y cobraras tu patética venganza en un inocente.”

En silencio, Salmissra comenzó a cortar el pecho desnudo de su odiado enemigo. Pero Mannimarco solo sonreía. Ella cortaba mas, y mas, despedazando la piel. Finalmente, abrió el pecho. Y Salmissra sonrió.

“Crees…”, dijo, ”... que no sabía eso? El chico, Ronmac, tuvo la mala suerte de involucrarse. ¿Sabes? Es un excelente hombre. Gran guerrero, honorable. Me recuerda a aquel guerrero de Juká que te derroto. Aquel que me obligaste matar. ¿Acaso lo tomaste por celos?”

La sonrisa de Mannimarco se desvaneció, al ver que Salmissra tomaba lo que parecía un pequeño martillo.

“Y te escondes detrás de él. Qué triste. Pero sé donde estas. Pobre chico. Su cuerpo jamás será el mismo…” decía, mientras usaba el instrumento para romper la caja torácica. Esto revelo, envuelto en sangre y músculos, una dorada orbe. Usando otro instrumento, que asemejaban pinzas, Salmissra lentamente removía la orbe del pecho del muchacho. Mannimarco grito una vez, y luego quedo en silencio. La oscuridad pútrida que rodeaba sus ojos se desvaneció lentamente. Salmissra puso la orbe en un pequeño cofre, lleno de marcas divinas. Ella murmuro un par de palabras, y finalmente cerro ese cofre. El chico gemía de dolor. La mujer lo volteo a ver, con algo de tristeza.

“Ronmac… lo siento. No se tanto se pueda hacer por ti. Pero… te agradezco.”, dijo. Llamo a sus sirvientes, quienes comenzaron a tratar al cuerpo del muchacho. Ella se retiro, con el cofre en sus manos.

QUE?! Me extirparon como un tumor?! Que INJUSTO. Nunca me dejan divertirme. Saben qué? Renuncio. A ver quien condena sus almas después.

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Epílogo: Kassam
El inicio...

Solo mis túnicas revelaban que había viento. Un evento extraño, mas no imposible en lo alto de esta Torre. Mi predecesor era un ser impresionante, y esta cima era, sin duda, uno de sus mayores logros. A veces me pregunto si él conscientemente sabía lo que la transformación en un exánime le haría? Mis estudios me han llevado a concluir que él fue el primero en desarrollar esta bendición, este toque de inmortalidad. No sé cómo se propagó el conocimiento. A mi saber, hay diez más como yo en este mundo. Cada uno con sus propios motivos y planes.

Y mis planes, hoy, por fin continuarán. He estudiado este… desgarre en la realidad, por siglos. El sonido, las vibraciones, la energía, me revelaron desde el principio que el gran Nevecial lo creo. ¿Que lo habría llevado a tal cosa? Sin planeación, sin estructura. Solo una ruptura, caótica, impredecible, y peligrosa. Nada que ver con sus prácticas normales. ¿Qué paso? Ciertamente, el iluso cuento del insolente gnomo no podría ser verdadero.

Lo cierto es que Nevecial me otorgó la oportunidad de analizar la materia de nuestro mundo… y otros. Mas allá de las estrellas, mas allá de la realidad. Gracias a él, he descubierto otros … universos. Otras existencias no regidas por nuestros Dioses, nuestras reglas. Mi conocimiento ha aumentado de forma exponencial gracias a eso.

Ninguno de mis ‘colegas’ entendía este desgarre como yo. Le temían. No comprendían la infinidad de posibilidades que podría traernos. No estaban dispuestos a arriesgarse. Ciegos! Insolentes! Mortales! ¿Acaso el don de la eterna existencia abría los ojos a los velos de la realidad? Este mundo no me llena. No puede contenerme. No seré atrapado por sus reglas. Hay más, eso lo sé, y no me quedare sin conocerlo.

Jamás he podido cruzar este bendito portal. Podía mandar ligeros hechizos, esclavos, meros experimentos de exploración. Pero nunca yo mismo. Algo me retenía, algo me bloqueaba. Fue hasta muy después que descubrí que Nevecial había creado los Sellos, y estos casi prohibían el viaje interplanar para seres innaturales. O tal vez, él se prohibió viajar a otros mundos, e hizo una provisión contra el exánime.

Así que investigue estos Sellos. Ymes podía existir sin mi guía directa. Invertí cien fortunas en ese gremio de aventureros y exploradores para que me brindaran información, pero había sido inútil. Pasé décadas viajando, analizando y leyendo los escritos del exánime original. Nada rindió frutos. Se murmuraban otros estudios que revelarían mas, pero nunca sus lugares. Seria encontrar una aguja en un pajar. ¿Porque era tan desconfiado Nevecial? ¿Que ocultaba? No lo sé. Pero me enfurecía que tal información estuviese en alguna parte del mundo, y yo no pudiese encontrarla. YO! El Amo de los Muertos!

Por años dudé, temí que jamás lograría mis objetivos. Para un ser eterno, el tiempo no importa. Pero no había pistas. No había nada que seguir. Estoy consciente que jamás alcanzare el poder de Nevecial. Jamás podre repetir lo que él hizo. Solo imitar crudamente sus avances. Pero la joya del conocimiento estaba tan cerca, y a la vez, tan lejos. ¿Qué podía hacer?

Y fue por cruces del destino que la respuesta llego a mí. Ese irritante humano Bermeral vino a mí, pidiendo ayuda para un grupo de aventureros… relacionados con los Sellos! Mi hueco pecho hubiera rebozado de alegría de ser posible. De nueva cuenta, había sido bendecido con oportunidad.

Estos aventureros no eran nada especial. Seres regulares, con promesa, pero igual, ciegos. Hablaban sobre una amenaza, un tal Mezzernach. ‘Gran Enemigo’? Tonterías. El mago tenia promesa, pero un aura alienígena le rodeaba. Pensé en darle muerte, pero con el paso de los siglos he aprendido sobre la necesidad de cada creatura. Aún así, sabían de los Sellos. Sabían, al menos, donde estaba uno. Así que, les permití leer mis notas. Las notas de Nevecial, de la Torre, del estudio. A cambio, sus mentes me revelaban lo que sabían de los Sellos. Patéticamente poco… pero suficiente. Romper los Sellos… era posible. Y ellos podrían lograrlo. Sin los Sellos, nada me detendría!

Y así fue, y por eso me encuentro en esta situación. Sobrevolando la gran Torre. Cientos de metros sobre la superficie. Unos cuantos metros alejado del desgarre. El viento ruge a mi alrededor, mis túnicas bailando al tono de su canción. Escucho el goteo de agua sobre mí. Llueve. El resplandor de este desgarre, como el brillo del Sol. Jamás había estado así. ¿Acaso responde el llamado de mi voluntad? ¿Acaso es Nevecial llamándome?

No. Es mi destino. Yo, Kassam, Amo de los Muertos. Amo de la Torre. Amo del Desgarre. Cruzo esta ruptura, esta puerta. Mi destino me llama, y yo respondo. Y solo puedo pensar una cosa.

Kassam, Amo del Multiverso.

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Epílogo: Novictus
La verdad detrás de los Malvocadores

Las brillantes orbes rojas miraban el manantial. Sus claras aguas mostraban la pelea, la gran lucha para destruir a los odiados zenythri. Gustalf era un magnifico guerrero. Sus poderosos brazos blandía su arma, como un Dios Guerrero de antaño. El fuego de sus ojos revelaban la furia del Campeón de los Malvocadores, y ante ella, nadie se resistía.

Los demonios morían. Herramientas útiles, pero al fin, inconsecuentes. Cada ‘muerte’ era solo un impedimento temporal. Solo distracciones. Los zenythri eran, ciertamente, impresionantes. Sus filas se adaptaban para reaccionar ante cualquier situación. Sus lanzas habían sido encantadas, notaba Novictus; la piel de los demonios se abría con facilidad. Pero no importaba. Estaba consciente de que los zenythri habrían de prepararse contra él. Su verdadera perdición seria a manos de Salmissra.

Y en efecto, los Yuan-Ti parecían una implacable ola. Rompían las filas zenythri con facilidad. Novictus veía con satisfacción el miedo en los ojos de los extraplanares. Sabía que jamás habían visto enemigos tan feroces como esas serpientes, liderados por aquella tan poderosa mujer. Secretamente, el líder de los Malvocadores temía el momento en que habría de enfrentarse contra ella.

De repente, un estruendo en el cielo sacudió las aguas del manantial. Novictus corrió fuera del edificio, y vio en el cielo, con sus arcanos ojos, como el sello desaparecía. Mezzernach había fallado! Aquella banda de aventureros lo logro! Pero su felicidad fue destruida rápidamente. Algo estaba mal. Algo había cambiado. Algo fundamental, un orden quebrado – o finalmente en su lugar? Apresurándose de vuelta al manantial, trato de trazar la fuente de esa inconformidad, pero el manantial solo revelaba a un par de esos aventureros, haciendo una señal. Enfurecido, Novictus noto que en respuesta, un gran número de soldados entraba a la ciudad, elfos y orcos. Y los Yuan-Ti de Salmissra se quitaban del camino… Le habían traicionado. Era de esperarse. Levantando sus brazos, y murmurando una sola palabra, su consciencia se traslado hacia otro lugar, otro huésped, dejando un inerte cuerpo en el edificio.

El lugar en el cual despertó era una húmeda cueva, llena de musgo, agua goteando, y un asqueroso olor. Comenzó a caminar, sus sandalias – eran eso?- haciendo el curioso sonido de pisar algo suave y lleno de liquido. Después de unos minutos en esa caverna, llego a un cuarto abierto. Sus paredes eran oscuras, pero labradas en finos diseños arcanos de abjuración. La combinación de piedra labrada junto a la natural le daba un aspecto extraño. En el cuarto solo había una fuente de luz: una vela sostenida por una figura encorvada, la cual observaba detrás de una ensombrecida capucha el pequeño cuerpo de agua a sus pies. Novictus camino hacia ese charco, poniéndose directamente opuesto a la figura.

El charco de agua ennegrecido mostraba a Thulla, y la batalla que ahí rugía. Vieron, en silencio, como los demonios eran destruidos, y los zenythri devastados. Los Yuan-Ti, retroceder, y los Orcos, avanzar. Al ver al poderoso Gustalf caer tras recibir un sinfín de flechas, la figura escupió al charco, y este, humeando, desapareció.

“Te advertí que te traicionarían.”, dijo, en una voz horriblemente burbujeante, e innaturalmente inhumana.

“Lo sé. Tenias razón.”, murmuró Novictus, sus brillantes ojos rojos apagándose lentamente, revelando unos claros ojos dorados.

“Una lástima sobre Gustalf. Tenía tantas esperanzas para él. Campeón de los Malvocadores, sin duda. Pero, al menos, Mezzernach fue destruido.”

Novictus volteo su cabeza, y fríamente observó a la figura. “Gustalf es una perdida que tardaremos mucho en remplazar. No ha habido un guerrero como él en siglos.”

“En efecto, hijo mío. Y tu permitiste que muriera.” La creatura soltó una carcajada, cuyos ecos en la caverna horriblemente resonaban y la aumentaban. “Al parecer, has permitido que muchas cosas sucedan.”

Novictus se mantuvo en silencio. “Mezzernach no fue destruido. Fue detenido, pero es terco. Volverá eventualmente. Pero por ahora, Terra está segura de él. Nuestros planes pueden seguir.”

”’ Nuestros planes’? Has perdido a tus demonios. No fueron tan fuertes como esperabas. Absimiel te ha fallado. Tus herramientas son inútiles ahora. Serás buscado por la Serpiente, y esa banda de aventureros.”

“No. Los idiotas pensaran que he muerto. Me asegure de eso. Y hay mas herramientas que los demonios, padre. Los Malvocadores sobrevivirán”

La figura silenciosamente se acerco a Novictus. Dejando la vela, la cual floto en su propio lugar, puso sus brazos sobre los hombros del otro. Sus manos estaban adornadas por oscuros guantes, relucientes por estar cubiertos de algún liquido viscoso. “Si, Novictus. Los Malvocadores sobrevivirán. Pero creo que me has fallado. Así que, ahora, yo liderare a la perdición de los Dioses.”

La cara de Novictus traiciono su horror, y comenzó a temblar, mitad en furia, mitad en miedo. “P-Pero, padre? Fue solo un tropiezo! Yo -“

“Calla, Novictus. Ambos de mis hijos probaron ser incapaces de llevar a cabo sus tareas. Tu perdiste a tus demonios, y has quedado débil, sin poder ni sirvientes. Tu hermano trato de ser más de lo que era, elevarse mas allá de su posición, morder más de lo que podría masticar, y pago con su vida. Por su arrogancia, su meta es inalcanzable ahora. Mi nieta es demasiado independiente, tan diferente, y tan… noble. Gibraiin está fuera de nuestro alcance.”

Novictus guardo silencio, y sacudió ligeramente la cabeza. “Yo puedo romper a Lianna. Gibraiin no ha sido perdida. Todavía podemos -“

“Basta, chiquillo!”, rugió la figura, en una voz enorme, llena de vileza y maldad. Las piedras se sacudieron, como si ellas mismas temieran la furia de esta creatura. “YO tomo ahora las decisiones. Gibraiin está PERDIDA. Olvídala. Olvida a Absimiel. Olvida a Gustalf, tus sirvientes, tu viejo poder. Sábete un siervo completo a mi voluntad. Y mi voluntad, es ser pacientes.”

Dicho esto, la figura se desmorono en una increíble cantidad de gusanos, que se escabulleron por toda la caverna. Novictus, sacudido, tomo la vela, y silenciosamente se retiro del lugar.

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La Batalla por Thulla

El desembarque les habia traido sorpresas, pero los aventureros no serian tan facilmente disuadidos de su mision. Con cuidado, se acercaron a la amurallada ciudad magica. Las puertas estaban derrumbadas, y alrededor de los restos, cuerpos de guerreros Zenythri.

Esto no pintaba bien.

Ya adentrados en la ciudad, encontraron las calles vacias, y los edificios con claras marcas de batallas. Fue hasta despues de un par de horas que vieron la primera señal de movimiento: arlequines danzantes. Estos acababan de destruir a un hechizo viviente. Volteando a ver a los aventureros, amigablemente se acercaron, saludaron, y advirtieron de los hechizos. Despues, se marcharon.

Perplejos, los aventureros no tuvieron otra opcion mas que continuar. Aunque misteriosa, esta tranquilidad estaba siendo demasiado molesta. Pero esto habria de cambiar, al ver a lo lejos la luz que demarcaba una pelea. Apresurandose, vieron a un Glabrezu terminar de destruir a un pequeño grupo de danzantes. Al verlos, el demonio carcajeo. Era el mismo que los habia enfrentado en Jaelen, hace tanto tiempo! Ahora, dijo el, terminaria con ellos.

Pero los aventureros habian crecido y mejorado: las dagas de Mianissa y las flechas de Aleit certeramente acertaban al enemigo, y los artilugios de Theudrik cambiaban el flujo de la batalla. Pero no fueron ellos quienes acestaron el ultimo golpe: un enano aparecio como si de la nada, y con un impresionante golpe, dio muerte al Glabrezu. Acompañado de un mediano, estos se presentaron como Harten y Jackie Chun, aventureros separados del resto de su grupo. Explicaron que Thulla habia sido invadida por al parecer dos diferentes fuerzas, y que habian obligado al grupo a separarse. La mayoria de los magos habian retrocedido a la ciudad interior, pero todavia habia algunos sobrevivientes, y los demonios los estaban cazando. El par guio a los aventureros a su temporal guarida, en donde tres Thullim se encontraban. Uno se presento como Varnias, archimago. Les explico que los Malvocadores habian atacado, pero estaban siendo repelidos. Otra fuerza desconocida llego desde el puerto, arrazando con las pocas defensas que habia. Forzados a retroceder, los magos se apresuraron, y habian dejado a muchos atras. Los Malvocadores habian traido un artefacto que convertia los hechizos en cosas vivientes: con eso activo, los magos no podrian defenderse con facilidad. El grupo considero que seria necesario investigar primero, y partieron.

En su camino, una curiosa figura, vestida de arlequin, se les presento. Ofreciendo sacar cartas de un extraño mazo, les explico que la suerte era un factor muy importante en sus vidas. Si suerte tenian, tal vez una carta les ayudaria con eso.

El grupo tomo sus cartas, y los resultados fueron variados… Ivellyos, el valiente guerrero medioelfo, perdio su vida. Pero William logro tener un deseo… el cual invirtio en dar el mundo de vuelta a los dragones. El resto del grupo lo miro horrorizado, dandose cuenta de las implicaciones de tal cosa. Pero, satisfecho, el druida considero que su parte en la historia habia terminado, y se separo del grupo. No teniendo la voluntad de avanzar sin reconsiderar las cosas, regresaron a la guarida.

Atormentados en la noche por visiones, voces y sueños, decidieron continuar y buscar provisiones. El viaje fue fructifero, y hasta lograron encontrar a mas sobrevivientes. Unidos, se planteo la idea de reactivar las defensas de Golems de los magos, cosa que hasta ahora habia sido imposible. Abriendose paso, los aventureros tomaron control de la torre, y restauraron las defensas, dando un merecido respiro a los sobrevivientes. Los magos, agradecidos, revelaron que la Academia tenia, probablemente, la mayor cantidad de sobrevivientes, y le permitirian a Armeyaf el hacer uso de sus hechizos.

El grupo se dirigio hasta alla, presenciando como los demonios lidiaban con un puñado de magos. Al presentarse en la Academia, fueron recibidos por lo que restaba de los magos, quienes revelaron que las pocas defensas de Thulla casi habian sido nulificadas. Estas estaban basadas en el gran sello que flotaba en los cielos… un sello de Nevecial! Pero el acceso estaba en el Bastion, el cual estaba siendo asediado. Armandose de valor, los aventureros, acompañados de magos Thullim, partieron hacia el Bastion. Ahi, vieron una lucha entre zenythri y los arlequines, en la cual participaron. Velese, el Arlequin de la Obsesion, estaba acompañado por otra enorme creatura, que luchaba contra un gran Jashar’Ghen. Al cabo de unos segundos, los aventureros mostraron sus habilidades, lo cual comenzo a molestar a Velese. Mando a Valssir, poderoso mago gnomo, a lidiar con ellos. Pero los aventureros eran inteligentes, y lograron contrarrestar los hechizos del gnomo. Hasta que llego un punto en que Velese se harto, y desencadeno el poder de la Obsesion: el grupo, exceptuando a Mianissa, fue controlado por el arlequin. Despues de esto, lo que restaba de la fuerza zenythri fue destruida. Aun bajo el control del Arlequin, estarian a punto de subir… pero un factor importante se presento. El Arlequin de las Paradojas hablo con Mianissa, preguntandole si queria que hiciera algo al respecto, a costa de la posible salud mental de sus amigos. Mianissa, no viendo otra opcion, accedio. El Arlequin de las Paradojas aparecio, y tras una ligera platica con Velese, libero la fuerza completa que tenia. Una cegadora luz lleno el lugar, rompiendo los encantamientos que todos traian encima. La enorme creatura se quito su mascara, mientras que los danzantes desaparecieron. Mianissa aprovecho, y ejecuto a Valssir. Los aventureros recuperaron el control de sus mentes, y buscaron a Velese, quien habia escapado. Mianissa comenzo a seguirlo, pero fuertes pasos metalicos la detuvieron. De la entrada del Bastion salio arrojado el cuerpo del Arlequin, inconsciente. Al cabo de un segundo, otro cuerpo fue arrojado, el de un hombre armado con el simbolo de la Casa de Amin, sobrepuesto en un sol. Pero los pasos seguian, hasta que una figura se revelo.

Mezzernach.

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Thulla
Una ultima apuesta...

Tras la muerte de Olruk, el grupo comenzo a trazar sus siguientes planes. Investigando diferentes fuentes, descubrieron la posible ubicacion de mas sellos. Sin embargo, durante esos dias, Theudrik decidio remover la esencia de la mascara que el Arlequin habia regalado a Mianissa.

Una serie de eventos graciosos (para el resto del grupo) terminaron en que Theudrik tuviera un pequeño tatuaje de la mascara del Arlequin en su frente. Los aventureros planeaban como partir, cuando de repente horribles gritos salian de la boca de Theudrik. Horripilantes alaridos reinaban en la casa, hasta que lograron contener al enano.

Tras realizar un ritual sagrado hecho por William, lograron remover la esencia maligna del cuerpo del enano, revelando una emaciada figura enmascarada, que gritaba una y otra vez “HA VUELTO!”

Mianissa logro destruir la mascara, y el enano quedo libre de su maldicion. Afortunadamente, Aleit logro que Lord Harlen les consiguiera un permiso oficial de entrar a Thulla, en donde se encontraba un sello. Recibiendo el beneficio de un barco de la casa de los Marineros, comenzaron el viaje hacia la ciudad magica.

En el camino, fueron interceptados por Lord Valerus. Alegando que venia a ofrecer ayuda, los invito a pasar a su barco, lo cual el grupo accedio a una cena, y dormir ahi. La noche trajo consigo un sinfin de sorpresas… Valerus intento destruir el barco en donde viajaban los aventureros para forzarlos a viajar en el propio; Aleit informo al grupo sobre peculiares gritos, los cuales tras una furtiva investigacion revelaron ser del Archimago. Aferrado a un trono, gritaba con similar a tono a Theudrik. Armeyaf provoco reaccion en el, quien grito por Valerus. Los aventureros regresaron a sus cuartos, para despues ser interrogados por su anfitrion. Este los acuso de interferir en asuntos incomprensibles para ellos, y de ser un estorbo. Habria de aprisionarlos y sacar informacion de ellos… pero los aventureros no se rendirian. Comenzo una lucha por los barcos, que fue violentamente detenida por la aparicion del Archimago. Rodeado de magia pura, reclamo un collar de Valerus a la fuerza, y arrojo al noble hacia el mar. Los aventureros lograron conseguir un barco, en donde se refugiaron, tras escapar de ambos destruidos barcos. Fueron capaces de encontrar a Valerus, quien habia envejecido y tocia con obvia enfermedad. Revelo que el Archimago le habia ofrecido una forma de seguir viviendo, a cambio de apoyo en ciertas investigaciones y acciones. Ahora, sin esto, moriria.

Y asi fue. Valerus Amin finalmente murio.

Tras escudriñamientos y teleportaciones, el grupo logro llegar a tierra firme, y encontrar un barco que los llevara a Thulla. Patrocinado por los Talones de Marfil, el barco poblado de gnomos los llevo a traves del Mar de Uld, hasta las protegidas costas de Thulla. Pero, peculiarmente, nadie se opuso a sus movimientos. Llegando hasta el muelle, notaron la ausencia de personas. Algo estaba mal.

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La Torre de Carne, y la muerte de Olruk
El valiente guerrero ahora en manos de Thor

Zialneth les explicó mucho sobre las bases del mundo:

Creado por música, el mundo era una mezcla de melodias, acordes y notas. Terra misma creaba su propia melodia, la cual los mortales tomaban y moldeaban, para producir su propia cancion. La magia era solo un reorden de tal melodia, para provocar nuevos sonidos y efectos. Los Dioses Antiguos – CaelThoth, Zel’Othah y Har Xsa – eran generadores de melodia, tambien, pero habían desaparecido. Ahora, solo la Gran Melodia del mundo existia, constantemente cambiando.

Pero los entes de los Reinos Lejanos esperaban su momento para actuar, y tomar este mundo como suyo. Gracias a Nevecial, estaba protegido por los Sellos, pero estos no durarian al ritmo que va. Estas entidades llegarían al mundo, y crearían su propia melodia, destruyendo la armonia de Terra. Y el mundo cambiaría para siempre.

Tres opciones se presentaron ante los heroes:
  • Completar el ritual que Nevecial habia iniciado, bloqueando para siempre toda influencia externa sobre el mundo, incluyendo a los Dioses.
  • Dejar que los sellos se rompan, y luchar contra lo que venga.
  • Buscar una forma de traer de vuelta a los Dioses Antiguos.

Ninguna era muy satisfactoria, y definitivamente acarrearian problemas propios. Para poder sentirse mejor con la decision, el grupo decidio investigar un poco más sobre diferentes temas. Al dia siguiente, armados de información, tomaron su decisión.

Los aventureros consideraron que lo mejor sería tratar de cubrir dos cosas, buscar sobre los sellos y al mismo tiempo estar atentos a los Dioses Antiguos. Sin embargo, la amenaza de la Torre de Carne seguia latente. Al regresar a su pequeño campamento, de nueva cuenta vieron el horror que representaba esa odiada estructura. Su maligna energia ensuciaba el cielo, y las nubes que la rodeaban le otorgaban un aspecto aun mas ominoso.

Aleit y Mianissa se acercaron lentamente para avistar lo que pudiesen, bajo la magia de la invisibilidad. Lograron ver que la torre estaba rodeada por un ejercito Zenythri, y que habia algunos campamentos alrededor del ejercito. En el cielo, cientos de pequeños ‘ojos’ volaban, otorgando razonable vision.

Con esta informacion, idearon un plan. Dado que esos ojos flotantes probablemente podrian detectar la magia, tratar de utilizarla para disfrazarse no seria una buena idea. Metodos mas mundanos eran necesarios. Pero se dieron cuenta que serian delatados con rapidez: los Zenythri eran de la misma estatura y fisico; los aventureros variaban en altura y complexion. Entrar por la forma directa seria imposible. Pero habia otras. Por moedio del vuelo, podrian evadir las patrullas, sobre todo si aprovechaban el nublado cielo para cubrir su entrada. Harian un hechizo que los rodearia con una nube.

El plan salio a la perfeccion, y lograron descender sobre una de las estructuras de la fortaleza. Al entrar, identificaron el lugar como un Templo a la Diosa de la Ley. Dentro, gracias a conversaciones que escucharon, descubrieron que esta ‘invasion’ fue aparentemente orquestrada por Lord Shermarkan, autorizada por el Emperador de los Soles. Pero habia disension: algunos dudaban de la validez de las palabras de su comandante, y otros no creian que el Emperador estuviese consciente de estas acciones. Pero antes de que pudieran saber mas, un estruendoso ruido, seguido de gritos, se escucho afuera. Los Zenythri salieron a afrontar esta nueva noticia, dandole a los aventureros tiempo suficiente para adentrarse a la Torre.

Detras de las puertas, una figura los esperaba. Dandoles la espalda, este individuo se encontraba en el exacto centro de la base de la Torre. La figura era alta, envuelta en una pesada armadura, y adornado con varias tunicas. En su mano, una gran lanza descanzaba. Pregunto que ocurria afuera, a lo que los aventureros respondieron. Pero este individuo vio detras del engaño, revelando que conocia a sus subordinados personalmente, y solo ellos tenian autoridad de entrar aqui. Se presento como Malkurath, Comandante del ejercito de Lord Shermarkan. Sellando las puertas, aseguro que los destruiria.

La pelea comenzo furiosamente. Malkurath golpeo el piso, activando el poder de la Torre, la cual genero cuatro creaturas extrañas, apenas parecian formas amorfas, que lentamente se cristalizaban. Olrruk se enfrento al Comandante, acertando un fuerte golpe. Pero la armadura del Zenythri era demasiado dura, haciendo que el golpe del Jaelendita rebotara. La respuesta del enemigo fue rapida, con un mesurado tajo al guerrero, que corto a traves de su costado.

Armeyaf comenzo con sus invocaciones, trayendo a la batalla a un monstruoso cienpies. Mianissa, mientras tanto, noto que la dura armadura del Comandante no dejaba huecos libres. Prefirio enfocarse a las extrañas creaturas, lanzando sus dagas a sus cristales. La actriz se sorprendio al ver que aunque sus ataques fueron certeros, la creatura aun se movia. Aleit se movia para posicionarse, aplicando veneno a sus flechas para afectar a esas creaturas. Theudrik preparaba sus infusiones, e Ivellios se lanzo a la refriega.

La pelea entre el Zenythri y Olrruk era feroz, pero el Zenythri estaba protegido tanto por su habilidad, como su armadura. El joven perseguidor se movia de lado a lado, escapando la lanza por centimetros, solo para tener que sacrificar una apertura momentos despues. El Comandante era un guerrero consumado, eso era obvio. Olrruk pronto se dio cuenta de la habilidad de su enemigo, cuando despues de una finta, fue castigado por un impresionante ataque punzante, que desgarró el vientre del Jaelendita.

El cienpies fue convertido en una creatura del abismo, y se lanzo a la ayuda de Olrruk. Las amorfas creaturas tomaron una vaga silueta humanoide, y con una furia impresionante, atacaron al resto del grupo. Sus garras abrian la mas lijera ruptura de la piel, lo suficiente para que ellas intentaran entrar en la piel de los heroes. Estos tuvieron que protegerse de las implacables creaturas, antes de que sus numeros crecieran.

La llegada de la creatura del Armeyaf distrajo al Zenythri de despachar a Olrruk, dando suficiente tiempo a Theudrik de otorgar hechizos beneficos sobre el guerrero. El medioelfo, en cambio, se enfocaba en alejar a las creaturas del enano. La pelea estaba volviendose de lado de los aventureros, pero el Comandante tenia un as bajo la manga. Invocando el poder de la Torre, golpeo el piso con su lanza, provocando un efecto que destruyo los hechizos. La creatura de Armeyaf y la magia benefica sobre Olrruk desaparecieron, dejandolos en una situacion peligrosa. Afortunadamente, la mayoria de las creaturas estaban muertas, logrando que los aventureros tuvieran una impresionante ventaja numerica. Tal ventaja se multiplico, ya que Armeyaf utilizo gran poder magico para invocar a diez enormes creaturas. Viendose al borde de la derrota, el Comandante invoco el verdadero poder de la Torre. Alzando su lanza, murmuro un encantamiento, que avivo las energias de la estructura. En su pinaculo, la energia formo una figura, la silueta de Mezzernach, quien disparo un enorme rayo. Malkurath lo recibio con su lanza, y despues la encajo en el piso. La estructura de la torre reacciono, y desde el fondo se dispararon incontables tendriles de una rojiza sustancia. Aunque parecia liquida, esta cortaba con impunidad. Muchas de las creaturas de Armeyaf fueron lastimadas, al igual que Ivellios, Theudrik, el mago, y Olrruk. Pero para gran desgracia, las heridas del Jaelendita eran demasiadas. Respirando esporadicamente, el guerrero noto que su vision se desenfocaba. El sonido que le rodeaba disminuia, dejando un intolerable silencio. Trato de mantenerse en pie, pero sus piernas no le respondian. Trato de utilizar su espada para mantener el balance, pero sus brazos estaban debiles. Cayendo a sus rodillas, el guerrero se dio cuenta de una brillante luz sobre el.

Mientras tanto, Aleit veia con horror como Olrruk caia, y soltaba su espada, dolorosa señal de lo que estaba sucediendo. Sin pensarlo dos veces, puso dos flechas en su arco, y disparo hacia el Comandante. Las flechas encontraron a su presa, forzando al Zenythri a recargarse en su lanza. Vivo aun. Pero no por mucho tiempo. Armeyaf, quien veia el irremediable destino de su amigo, junto la energia magica alrededor de el. Murmurando el hechizo necesario, termino el conjuro. En su mano, fuertemente sostenia cenizas. Arrojandolas como parte final del hechizo, clamo en una gran voz:

“Apresurate al Vacio que te espera, profano invasor!”

Y de su dedo, un palido rayo de verde energia salio disparado hacia el Zenythri. Al momento del impacto, el Comandante solo exhalo una vez, y fue desintegrado. Su armadura cayo con un estruendo, y su lanza finalmente abandono sus manos.

Pero el horror no terminaba ahi. Olrruk se habia levantado de nuevo. A traves de su cuerpo, miles y miles de pequeñas protuberancias crecian y se acumulaban, eventualmente remplazando gran parte de la piel de Jaelendita. Los aventureros se vieron forzados a atacar a los restos de su amigo, hasta que finalmente esa vil infeccion fue erradicada. Nuevamente veian el cuerpo puro de su amigo, quien aun mantenia su espiritu por algunos segundos.

Olrruk escuchaba el cuerno lejano de una Valkiria, y a la altura podia ver la hermosa figura de una de las escogidas de Odin descender lentamente. Con dificultad observo a sus amigos que le rodeaban. Tocio una vez, y sonrio.

“Que les parece? De nuevo burle mi destino.”, murmuro, y quedo en silencio por un segundo, cerrando sus ojos, encontrando la fuerza para mantenerse unos cuantos segundos. “Los perseguidores mueren solos… pero ahora, en mi momento, yo estoy rodeado de amigos.”

Nuevamente cerro sus ojos, obviamente librando una lucha para seguir consciente. Cuando abrio los ojos, podia ver a esa hermosa Valkiria a solo unos metros de el. Sin enfocarse en nada, prosiguio. “Siempre estuve listo para morir. Jamas tuve una duda que valiera la pena. Pero ahora que veo la muerte a los ojos, y una Valkiria viene por mi para guiarme al portal del Valhalla, quisiera haber sido más valiente y decir ‘te quiero’ en su momento. Decirlo ahora es inútil, y tal vez cause más dolor del necesario. Pero por lo que valga, sábete amada, alguien te espera, desea tu bien y te pide que busques tu felicidad”

Sus ojos ya no le respondian, y la Valkiria tomo de su mano. Olrruk sonrio, y se dejo llevar por la divina guerrera.

“Lo! Alli veo yo a mi abuelo. Lo! Alli veo yo a mi abuela. Lo! Alli veo yo a mis hermanos y hermanas. Lo! Alli veo yo a mis antepasados hasta sus comienzos. O! Ellos me llaman; pidiendo que tome mi lugar entre ellos en la Sala del Valhalla, donde los valientes viven por siempre”

Y asi, la vida del valiente guerrero de Thor terminó.

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El viaje a Zuhair Ubaid

Los heroes, después de decidir sus opciones, optaron por viajar a la Torre de Carne, por medio de una serie de ‘brincos’. William volaría todo lo posible, y Armeyaf haría un escudriñamiento sobre el druida, para después teleportar al resto del grupo. Esto reduciría un viaje de alrededor de dos meses, a tan sólo seis dias.

El funcionó, con solo un inconveniente. Mientras William viajaba, el resto del grupo fue testigo de una emboscada de los Ubaid. Un grupo de Zenythri luchaba, con ventaja. Pero de repente, aparecieron cuatro creaturas con tentáculos en su cara, que rápidamente hicieron trizas a los Zenythri. Clamando el nombre de Thoon, suprimieron a la fuerza de los invasores. Dejando solo al hechizero vivo, lo interrogaron rápidamente, solo para insertar algo en su cuello. Después, los soldados Ubaid sobrevivientes despojaron a los muertos Zenythri de sus ropajes, y se disfrazaron de ellos.

Decidiendo que no había mucho que pudieran hacer, los aventureros se resguardaron, esperando no ser detectados por las creaturas.

Afortunadamente no lo fueron, y lograron teleportarse hacia William, a unos cientos de pies de la Torre. Rodeada por ejércitos Zenythri, se había convertido en una verdadera fortaleza, protegida, resguardada, y preparada. Fueron testigos de un fugaz ataque, cuyo objetivo al parecer eran los magos Zenythri.

Viendo que sus opciones se acababan, Armeyaf utilizó el collar que Zialneth le había otorgado, el cual los llevó hacia la Espira de los Paragnosticos. Ahi, la creatura de hielo los esperaba, para brindarles apoyo.

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El Torneo

La interrogación del Zenythri resultó curiosa. El estaba dispuesto a responder, a cambio de que lo dejaran libre. Olruk se negaba a dejarlo ir, recordando que estos eran sus enemigos, los extraplanares, y que dejarlo ir solo traeria problemas despues. El grupo, sin embargo, había decidido cooperar con el nigromante, al menos hasta que deshiciera la calma de los muertos.

Usando el bote y el elemental de Armeyaf, los heroes se dirigieron al centro: pero una gran sorpresa les esperaba. Ahi, donde antes el Zenythri llevaba a cabo su macabro rito, se encontraba una pequeña creatura, de extraña complexion y vestimenta, portando una horrible máscara. Un frio sentimiento de reconocimiento paso sobre las caras de los heroes: al parecer, era un Arlequín.

Esta creatura estaba absorbiendo la energia del sello! Furioso, el Zenythri se lanzó hacia él, solo para ser repelido por una pared de fuerza. Tratando de romperla, el nigromante lanzaba conjuros, pero ninguno servía. El Arlequín, mientras tanto, había terminado de absorber el sello, y disparó un haz de energia.

En el cielo, se posaba un sello distinto: uno del Atardecer.

La pequeña creatura celebró, y rasgó el aire, dejando una estela detrás de sus garras. Brincó, y se adentró, desapareciendo. El Zenythri intentó reaccionar, tal vez rompiendo ese sello, tal vez intentando obtener algo de su fracaso. Para esto, se poso en el centro de nuevo, y conjuro la barrera. Utilizando un cristal y un poderoso hechizo, culpó al grupo de su fracaso, y exclamó “Ustedes pagaran el precio por haber permitido esto!”.

Dicho esto, el cristal brilló, y una pálida energia se disparó hacia los miembros del grupo. Algunos se resistieron, pero la gran mayoría sintió como pedazos de sí mismos desaparecian. Cayendo inconscientes, solo fueron salvados por los que lograron resistir. El Zenythri, mientras tanto, prosiguió a hacer el rito que rompia el sello. Pero esta vez, el sello reacciono, y destruyó al Zenythri.

Los debilitados heroes regresaron al barco, notando que la calma de los muertos habia desaparecido. Regresaron a Galathaiin, y afortunadamente lograron recuperarse del daño causado por el Zenythri. Ya ahí, fueron recibidos cálidamente por la Casa de Gibalan, incluso siendo invitados a la casa de Lord Harlen. El líder de la casa les ofreció recompensas, entre ellas, ser patrocinados para participar en el Torneo de la Luz.

Los aventureros aceptaron, y participaron. Orluk participó en el concurso de la fuerza; Mianissa y Aleit en el concurso de puntería; Ivellios en las justas; y William y Armeyaf en el Ajedrez de los Conjuradores. Después de muchas emociones y algunas decepciones, se llegó al final. Sólo Armeyaf logró triunfar, tomando como premio seis preciosas gemas de Ioun. Lord Harlen estaba fascinado, y celebró a los aventureros.

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La calma de los muertos

La fiesta fue tranquila para los heroes (excepto para Gustavo, quien anduvo coqueteando por ahi con TODO lo que se movia). Al dia siguiente, decidieron investigar el asunto de los barcos perdidos.

Subiendo al barco Colmillo de Jacques, los heroes se dirigieron hasta los posibles lugares donde se perdieron los barcos. Los marineros comentaron sobre los esporadicos problemas del mar, figurando enormemente los Saghuaghin. Pero no eran lo suficientemente letales como para hundir barcos.

Despues de dos dias, el vigia, Krath, advirtio que se acercaban a la Calma de los Muertos, una terrible condicion acuatica de ausencia de movimiento. Ni una sola ola. Ni el menor de los vientos. Nada.

Los marineros juraron que eso no pasaba en el Mar Giib. Si los barcos perdidos pasaron por aqui, muy seguramente se habrian perdido. El capitan se nego de navegar dentro, pero si ofrecio un bote largo.

Los heroes se adentraron, y utilizaron un elemental acuatico para moverse. Eventualmente, llegaron a una gran capa de sargasso, algas muertas y densas. Tan densas, que se podia caminar sobre ellas. Con algo de dificultad, continuaron adentrandose, ya que Armeyaf habia visto a lo lejos, los trazos de uno de los sellos de Nevecial.

Cuando se adentraron, observaron pedazos de barcos destruidos por poderosas garras, y hasta alcanzaron a ver una enorme creatura arrastrar cuerpos de Saghuaghin. En ese momento, vieron que estaban cerca de un lento remolino, y que en su centro se posaba el sello. Pero de repente, comenzo a quebrarse. Estaba siendo destruido!

Los heroes se apresuraron, solo para observar a un Zenythri lanzar conjuros en contra del sello, y romperlo lentamente. Con feroz dedicacion, los heroes lograron detenerlo, y tomarlo prisionero.

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