Mannimarco

Ningún individuo ha afectado la historia de Territoria más que Mannimarco.

Existió cuando los tres Antiguos aún caminaban sobre el mundo, y existe aún hoy. En un periodo de tiempo, más de la mitad de las razas mortales obedecian sus órdenes, conscientes o no.

Mannimarco nació de servientes a Cael’Thoth, pero cuando el Dios del Balance permitió la adoración a los otros dos Antiguos, sus padres decidieron migrar hacia las tierras del Caos. Ahí, el que algun día se convertiría en un inimaginable peligro para las realidades, creció. Su desempeño como adorador siempre fue notable, pero su disposición por hacer lo necesario para triunfar le hicieron merecedor de la indoctrinación a las más altas esferas del Culto.

Estaba enormemente motivado por el aspecto del Caos de la destrucción, pero no podía comprender porqué el viejo Profeta estaba satisfecho con las tierras que tenían, y el permitir que el Culto del Amanecer existiese. Sin embargo, se guardó sus ideas y anhelos, y continuó subiendo meteoricamente los rangos de la adoración a Har Xsa. Incluso el mismo Antiguo estaba sorprendido por el potencial del muchacho: pareciese una parte de él mismo, lo cual era sorprendente considerando que era humano. El viejo Profeta comenzó a confiar en Mannimarco, invitandole a sus reuniones con los líderes de tribus, e incluso a sus audiencias con Har Xsa.

Pronto, comenzó a tener audiencias sin la presencia del Profeta, en donde el joven cuestionaba las acciones de su señor, preguntando las razones de la inacción. Har Xsa escuchaba entretenido las palabras del humano; ¿cómo podría este simple mortal entender la mente de un ser mil y más de mil veces incomprensible? Pero sus preguntas eran válidas. Y sucedió algo que el Antiguo jamás pensó posible: estaba siendo convencido. La presencia de la horrible Zel’Othah y sus detestables tierras de Orden en el mismo plano era inaceptable. Después de todo, ¿qué no estuvo primero Har Xsa, antes que los otros dos? Las tierras seguramente le pertenecian a él. Pero su viejo Profeta le aseguraba que intentar conquistar el plano solo provocaría la muerte de cientos de miles de sus adoradores, algo que el Antiguo odiaba considerar. Se contentaba con este… balance. Y Mannimarco dijo (inadvertidamente arriesgando su vida) precisamente lo que Har Xsa necesitaba: si el balance reinaba, entonces Cael’Thoth era el supremo Dios de éste mundo.

Viendo que tenía una enorme oportunidad, Mannimarco dejó que Har Xsa meditara, mientras que llevaba a cabo su plan. Organizando una reunión con el viejo Profeta, logró separarlo de sus guardias, y lo llevo ante el sagrado sitio de Har Xsa. Siendo parte del destino, el Dios del Caos habia regresado ahí para pensar. Irritado por la presencia de los mortales, demandó la razón de porqué estaban ahí. Y Mannimarco contestó:

“Para hacer lo que usted necesita se haga, mi Dios.”

Y con esas palabras, clavó una daga ceremonial al pecho del viejo Profeta. Sintiendo la vida lentamente irse del cuerpo, Mannimarco sacó la daga, y la clavo en la cabeza de su antiguo maestro. Volteándo hacía su Dios, se hincó, y aclamó:

“Oh, Har Xsa! Su Gloria ya no será detenida por las cadenas de un inepto y conformista Orco! En este lugar, donde su sagrado ser se manifestó por primera vez, le hago el solemne juramento que Usted será el único Dios en existencia, si me permite liderar a sus fieles seguidores! Los animales de Cael’Thoth se arrodillarán ante Usted, y las aberraciones de Zel’Othah la Odiada serán purgadas del mundo!”

Y, para desgracia de los seres vivos de Territoria, Har Xsa nombró a Mannimarco como el Profeta del Atardecer.

Mannimarco

La Madre de la Vida richterbrahe